sábado, 29 de diciembre de 2007

martes, 25 de diciembre de 2007

TEMPORADA BAJA

-OUT OF ORDER-

“Es curioso como algunos momentos se graban en la mente, mientras todo el resto del tiempo se va por un sumidero” o algo así, recuerdo haberle oído un día a mi compañero de arriba de litera en la mili. Yo era para entonces alférez de esa compañía, y no recuerdo mucho de aquél chico, si era estudiado o no, a qué se dedicaba ni nada de eso, pero sí recuerdo que era de esas personas de las que uno se acuerda después a lo largo de la vida, que se ven con el paso del tiempo como sabios o mentes lúcidas apenas reconocidas mientras el resto de gente, como él mismo decía en aquella frase, “se van por el sumidero”…
Lo recuerdo ahora, ahora que ando de vacaciones forzadas en un lugar de la costa en temporada baja, absolutamente sólo –y es curioso, pienso, cómo para estos lugares, la mayor parte del tiempo es “temporada baja”- sin saber muy bien por qué, justo al despertarme repentinamente de una siesta, echado en la cama, mientras afuera azota el viento (uno de cuyos golpes contra los mástiles de los cercanos veleros, seguro, ha provocado mi violento despertar…). Tal vez la situación es parecida, estoy aquí echado en la cama ahora como lo estaba entonces, viendo cambiar la luz por entre las rendijas de la ventana, y ahora mismo he puesto una canción en la radio. Sí, sinceramente, me pregunto si este forzado retiro mío, ya con una edad, todos estos días plomizos que tanto se parecen los unos a los otros,…, si habrá algún momento de entre ellos que se grabe a fuego en la mente… o si más bien todo, como sospecho, se acabará yendo también por el sumidero…
La canción de la radio, que sonaba brillante pero algo melancólica, me ha traído recuerdos también, de otras partes del pasado… Tal vez sea sólo la neblina que le envuelve a uno a veces cuando se acaba de despertar, las figuraciones que le hace creer reales... O tal vez los fantasmas del remordimiento que, -como dijo el poeta- encarnados en alguien o en una determinada visión, vienen a visitarnos algunas veces en la vida para recordarnos lo que no hicimos en su momento, lo que pudimos hacer, aquello en lo que nos equivocamos y no aprovechamos… y que a veces toman el rostro y el cuerpo de un hombre (o una mujer). El recuerdo de ese lugar de mi pasado fue justo anterior a la rememoranza de aquél compañero de mili (era cabo, ahora lo recuerdo, y también que venía de Salamanca) que muy de vez en cuando –porque la mayor parte del tiempo permanecía callado- soltaba una de aquellas frases sorprendentes o estremecedoras (cuando te parabas a pensarlas)…
Dicen que una de las características físicas en que se manifiestan los procesos de demencia, o de alucinaciones paranoides, son los del descuadre estacional (o también del descuadre horario) por los cuáles uno viene a sentir en determinadas ocasiones, que está en una estación del año ya largamente pasada y dejada atrás, e incluso comienza a actuar y comportarse como si realmente el reloj (de su cabeza, se entiende) anduviese aún por aquella lejana estación. Pues bien, hace un rato, recién despertado o en las mencionadas nieblas entre el despertarse y el sueño, me pareció creer que allá afuera, tras de las entornadas contraventanas y cortinas de mi penumbrosa habitación, allá donde afuera soplaba el viento de éste enclave turístico fuera de temporada, era en realidad el tardío verano el que transcurría, en la casa que la familia de mi madre tenía en un pueblecito del norte, donde año tras año mis padres y hermanos pasábamos unas largas temporadas, que sin embargo hace ya mucho que quedaron atrás. Brillaba el sol de la tarde como allí entonces, de vez en cuando –entre lluvia y lluvia porque era un lugar muy húmedo- solía hacerlo, de una forma extrañamente intensa y plena, de ese tipo de manera en que nuca en los lugares más tópicos y concurridos del sur del país, siquiera, llega a hacerlo…
Pero como he dicho, la figuración ha sido de un solo instante quizás. Luego, he caído, tal vez haya sido esa antigua canción que sonaba en la radio, justo quizás en el momento en que me despertaba y la encendí, la que me haya retrotraído a aquella época, pues era de entonces también. A veces, se tiene la impresión de que en determinados momentos, la radio emite extrañamente justo las canciones indicadas para ti… Todo esto me hace recordar aquella anécdota sobre el sueño que una vez me contaron: de cómo alguien, dormido en el salón de su casa, estaba soñando, figurándose en la revolución francesa, subido a la guillotina justo un instante antes de ser decapitado, y cómo justo entonces, un cojín cayendo contra su cuello lo despertó…
Pienso muchas veces en algunos momentos de la mili, de cómo yo, cuando estaba a punto de licenciarme, debía hacerme cargo de una compañía de reclutas y soldados más jóvenes (pues yo hacía milicias universitarias, y andaba ya por una edad próxima a la de acabar la carrera). Y siempre me sobrecoge aquella vieja impresión de cómo sentía que –pese a que no estábamos en una zona de guerra ni nada de eso- yo no podía hacerme cargo de la responsabilidad de llevar a todos aquellos muchachos, tan jóvenes con respecto a mí, a alguna acción no controlable que pudiera poner en peligro sus entonces tan cortas vidas…

En fin, es hora de levantarse. Tomaré un café, y luego he de salir afuera: debo comprar comida, una bombilla para la lámpara de la sala… y más café, para ver si así puedo despertarme del todo.

martes, 11 de diciembre de 2007

SUMMER COMES BACK AGAIN...

Pirámide del Sol. tehotihuacán

"Se solicita muchacha". Oaxaca


Costa del Pacífico

"Esto es vida" costa del Pacífico

El "cuerpo" de arquitectos... Acapulco

***Rememberings of México!!!***

Alguien dijo alguna vez, que ahora no recuerdo muy bien, que cuando más intensamente se recuerdan y reviven los viajes, es al día siguiente de haber aterrizado de vuelta. Pues bien, yo no lo hice así; pasó el día sigueinte, y ha pasado mucho tiempo y yo, que aún no tengo las fotografías, debo escribir una historia que tengo en la cabeze desde el último día que estuve allá, como se suele decir "aunque sea lo último que haga en mi vida".


...Tiene que ver con esta canción...:

...y llegará muy pronto.


viernes, 30 de noviembre de 2007

Hablando sólo

A veces encuentras cosas que parece que hubieran sido pensadas sólo para tí
o sólo hubieran podido ocurrirseles a alguien como tú



La Avería
Roger Wolfe

Dar amor, lo sé,
pero no funciona.
Mostrar piedad, lo sé,
pero no funciona.
Eliminar el yo, lo sé,
pero no funciona.
Acabar con el deseo, lo sé,
pero no funciona.
Vivir el hoy y no el mañana ni el ayer, lo sé,
pero no funciona.
Poner la otra mejilla, lo sé,
pero no funciona.
¿Qué hacer entonces? No lo sé
Y no funciona.
Quien quiera más, aquí

jueves, 22 de noviembre de 2007

Una de FaNtAsMaS…

próximamente...

(¿alguien sabe... cómo se pone un tipo de letra distinto en los títulos?)

martes, 20 de noviembre de 2007

Un día NORMAL

(próximamente llegará)


domingo, 18 de noviembre de 2007

el "kippel" (próximamente)

una historia sobre el kippel, (muy pronto...)

El kippel es una suerte de desorden que se va introduciendo en las vidas de las personas bajo ciertos estados anímicos, llegando a causar auténticos estados de obsesión y pánico, bajo la creencia de que el desorden, las cosas inútiles y las obligaciones incumplidas llegarán a ocupar tal magnitud en sus vidas, que ya no las podrán controlar...

«Kippel son los objetos inútiles, las cartas de propaganda, las cajas de cerillas después de que se ha gastado la última, el envoltorio del periódico del día anterior. Cuando no hay gente el Kippel se reproduce [...] cada vez hay mas»

"Si te acuestas por la noche dejando kippel en tu habitación, cuando te despiertas por la mañana se habrá reproducido. Habrá más"



sobre el kippel

jueves, 1 de noviembre de 2007

el HOSPITAL DEL AMOR

http://www.popes80.com/opinion/costa2811051.htm



Atención a la letra...


www.Tu.tv


¿...qué será lo próximo? ---> ?????

DICHO/ ESCUCHADO:

"...si me conociera a mí mismo / me animaría"
www.Tu.tv

jueves, 25 de octubre de 2007

el HOTEL del AMOR

...dOES anybody know where it is?

La cara...

Y la cruz:

"A veces es mejor estar triste, o enfadado, o ... (...), que no estar "nada". No se si me explico."
W. GOMBROWICZ

martes, 23 de octubre de 2007

UN PERFECTO DON NADIE

…Yo tenía un amigo (…) que siempre que le preguntaban sus compañeras de trabajo p.ej., si sabía si tal día del mes que entraba era un puente, nunca lo sabía; y ¿quieren que les diga por qué? Pues, según el mismo decía, porque nunca acostumbraba a mirar hacia delante, no tenía esa costumbre, sino antes bien lo que más acostumbraba era a rememorar y a darle vueltas y a mirar lo que se dejaba atrás una y otra vez como si aún fuera posible cambiar algo de lo ya sucedido, o extraer alguna conclusión, o simplemente volver a traerlo hacia el presente. Volver a traerlo, el pasado.

Detestaba por ejemplo que le hablasen en Octubre de que ya estaban preparando la Cena de Navidad, pues él en realidad aún estaba dándole vueltas y rumiando el verano, porque tal vez no había sido suficiente o pensaba que se le había escapado sin aprovecharlo. Las cosas, los días, las fechas se le echaban encima sin apenas esperarlo, sumergido en esa vorágine de quien anda esperando continuamente el fin de semana que nunca llega del todo, (….) pues había llegado a la impresión –extraña- de que las cosas que se esperan del futuro, y se andan previendo, luego cuando llegan y pasan, no son del todo como se habían esperado, y los días transcurridos en el intermedio no vienen a cumplir, una vez pasados, con esa entelequia que eran en el futuro, el momento en que los imaginábamos aún por llegar.

Si había algo que le reventaba, era esa costumbre de la gente de estar continuamente anticipando lo que había de venir en el futuro: esa manía de vivir permanentemente en una espera, como de algo que nunca llega a cumplirse, como una forma de autoengañarse, (como una tía suya –nos contaba- que todo el tiempo, cuando se acababan las navidades, se decía: “bueno, pues ya se ha pasado. Otro año más”). Como decir “hemos cumplido”…
…O por ejemplo, leía una noticia en el periódico, un periódico pasado de fecha mientras tal vez tomaba un café en un bar –y las pesadas de sus compañeras parloteaban de las tonterías que harían en el puente que estaba por llegar- y le sobrecogía la impresión de cómo la noticia allí escrita de un suceso importante que vendría a producirse al día siguiente, en realidad había sucedido ya… En definitiva, sufría de algún tipo de descuadre o desajuste con el tiempo, pues podía sentirlo de una forma que no lo hacía confortable, o no lo dejaba conforme una vez que las cosas habían pasado y las miraba para atrás…

Creo que eso le sucedió a mi amigo desde un día, un curioso día en que, sentado en el bar, habiendo acabado su café, mirando una noticia sobre el futuro en un periódico pasado de fecha –que ya había sucedido-, mientras tal vez las pelmazas de sus compañeras parloteaban a su lado sobre las chorradas que planeaban hacer ese mismo puente que se avecinaba, …, agarró una moneda para pagar, y en un sólo instante, la moneda resbaló de la mano de la camarera y rodó por la barra, entre sus torpes manos, hasta ir a rebotar… contra el suelo varias veces. Fue una tontería, luego cogió la moneda y pagó y todo eso, pero notó algo extraño en ese preciso instante, como un flash o un escalofrío, y cuando luego miró al televisor del bar, las noticias que daban, le pareció que el locutor hablaba de algo… que aún no había venido a producirse, o quizás, de algo que en realidad ya había quedado atrás…
Desde ese día, mi amigo, (…), hacía cosas extrañas: de repente una noche, ya muy entrado el mes de octubre, mientras conducía, a lo mejor le daba por bajar la ventanilla y subir la música de la radio a tope, como se haría tal cuál, si fuera verano. Con la pequeña puntualización de que, era octubre, y no era ya verano. Y además, subía en la radio una canción, por ejemplo, de Iguana Tango, que como todo el mundo sabe, Iguana Tango es un grupo ya pasado de moda que no escuchaba nadie. O mismamente, escuchando esa canción pasada de moda, con la ventanilla bajada, le decía algo a algunas chicas que caminasen por la calle, que es algo que ya no se hace, y menos aún con una canción de Iguana tango –alguna vez, una de estas jugadas, nos llegó a costar incluso un susto, al despistarse del volante, e ir a parar hacia otro coche…- Creo que mi amigo decidió ese día que, aunque estuviéramos en fechas de bien entrado el Otoño, él iba a vivir entonces sus vacaciones de verano, bien porque no las había tenido o bien porque no le había parecido suficiente, o no había tenido la sensación de haber vivido suficientemente el “verano” como él creía que debía ser, o como creía recordarlo de cómo habían sido otros veranos de su pasado.

También, cuando se “emocionaba” con el coche, se ponía a acelerar y frenar, o girar suavemente el volante como siguiendo el ritmo de la canción…. ya me diréis si no son esas cosas que ya no se llevan. O se empeñaba en ir a la piscina insistiendo en que aún estaba abierta, con el agua limpia pues decía oír la depuradora, o comentaba que había que aprovechar aún no se qué “veranillo de San Miguel”… O decía que era la mejor fecha para viajar, para hacer un pequeño viaje… en bicicleta. Como los que hacíamos antes en el pueblo, y en verano.
También sucedía que de repente nos decía una noche “os voy a llevar a un sitio”, y cuando cogíamos y llegábamos, resulta que era un bar de hace nosecuantropecientos años ha que ya no estaba allí o había cerrado, y todos pensábamos que mentalmente había encallado en un lapso de tiempo de cuatro o cinco años atrás. Porque por ejemplo también, luego nos ponía una cassette en el coche, que ya ningún coche lleva reproductor para casette, y eran todo canciones grabadas de hacía un lustro o más, él decía “bueno, esto son canciones que me he quedado anclado en hace un par de temporadas o así” y nosotros le decíamos “ya, ya; de hace cinco años por lo menos”…

O cuando le proponían (sus compañeras) querer hacer un plan para un fin de semana del futuro, no quería saber nada, pues siempre le parecía muy lejano, como si él estuviera instalado en el pasado, y ese tiempo del futuro le pareciese aún mucho más allá desde el presente. Demasiado como para poder ni imaginarlo. Porque luego, cuando se hacían los planes, le entraba la sensación, cuando se estaba ya en ello, de que había que cumplir solamente con todo, para poder llegar al final del fin de semana y decir “ya se ha cumplido. Se ha acabado el finde, y se ha acabado el plan, como debía ser”.

El tenía que ser todo, de “aquí te pillo, aquí te mato”.

Le pasaba en definitiva, que el estar pensando siempre en lo que se iba a avecinar, le hacía que el presente fuese un continuo “ir saliendo del paso”; y él estaba ya un poco cansado en su vida de que todo fuese un puro “salir del paso”. Alguna vez tenía que ser algo más.

…Mi amigo, siempre que encontrábamos un camino caminando por el campo por ejemplo, se decía “me pregunto a dónde llevará esto”. El sabía que en la vida, en la naturaleza, en realidad todo era lógica y sentido común, mientras el absurdo y lo irracional lo poníamos los humanos. También recuerdo, una vez que le preguntaron que cuál era su especialidad en su profesión, que dijo “yo soy… especialista en nada”; y luego alguien dijo, “eso hay que apuntárselo”, pues como decía mi amigo, que las cosas para qué nos las apuntábamos, pues evidentemente, para qué iba a ser, “para impresionar a las chicas”.

…Mi amigo era, ni que decirlo hay, pues, un perfecto “don nadie”.

viernes, 19 de octubre de 2007

de interés público

Algunos videos deberían ponerlos -por su claridad- en las escuelas en el lugar de EpC...:



...más allá de la polémica política,... en la que no entro

martes, 16 de octubre de 2007

el "mal" del VÉRTIGO


(Las siguientes opiniones se muestran aquí, sin que se correspondan necesariamente con las mías)
"Si te encuentras frecuentemente a ti mismo:

Hablando sin saber de lo que hablas
Esperando a cruzar en un semáforo en el que había que pulsar
Observado por los ojos de todos al entrar a algún sitio
Sintiendo constantemente que hay un tren que debes coger
Sintiendo constantemente que hay algo importante que olvidaste hacer
Dudando demasiado tiempo cada vez que quieres decidir qué comprar
Dudando demasiado tiempo cada vez que quieres decidir qué te gusta
Pensando que quedaron demasiadas cosas atrás sin hacer
Regresando una y otra vez mentalmente a tu pasado.
Sintiendo que no estás en el lugar en el que deberías
Pensando que la fiesta está en otro lado…
Esperando indefinidamente el fin de semana que está por llegar
Pensando que algo le pasa al teléfono porque no suena
Con la sensación de no estar preparado al principio de cada día
Con la sensación de no estar preparado para seguir así
Sin ningún interés por la política internacional
Sintiendo un extraño vértigo cuando oyes pronunciar tu nombre…
Diciendo a menudo “no es eso exactamente”…

Entonces, bienvenido al club de los que sufren:

EL MAL DEL VÉRTIGO"
-más sobre este curioso mal en breves… días-


Desde hoy, esta es mi canción favorita

domingo, 7 de octubre de 2007

próximamente: UNA COMIDA FAMILIAR

(Una historia que aún no existe)

Así me siento yo antes de una comida familiar. Se masca la tragedia...:

"Nos gusta lo que vemos en las películas, en tanto en cuanto sabemos que es ficción ... Si fuera en la realidad, seguramente no nos haría tanta gracia (...)"

jueves, 27 de septiembre de 2007

LA NOCHE EMPIEZA...

Perdón, lo que tenía que ir aquí abajo era esto: (es lo justo)



¿Los animales? No son libres
porque siempre han de buscar sustento

¿El agua? No es libre
porque sigue su camino hacia el mar.

¿Los árboles? No son libres
pues son presa de sus raíces.

¿Las rocas? No son libres
pues han de andar siempre esperando…

¿El sol? El sol no es libre
…pues que sólo se mueve en círculos…

¿La hierba? …No es libre
pues siempre muere y vuelve a nacer…

El mar, no es libre
pues nunca puede salir de quien lo contiene

¿…El viento? El viento no es libre
porque siempre corre
pero nunca puede escapar….

Igual yo, no soy libre…

Porque siempre he de buscar sustento
porque sigo un camino hacia el mar
porque soy presa de mis raíces
porque he de andar siempre esperando
porque sólo me muevo en círculos
porque siempre muero/ y vuelvo a nacer
porque no puedo salir del que me contiene
porque siempre corro, pero nunca
puedo escapar…


miércoles, 26 de septiembre de 2007

en breves momentos... "EL PIJO-PROGRE"

...otro amable retrato social


"...Que vivimos permanentemente engañados por el mito del fin de semana (...) es un hecho. (...) Como algo a lo que siempre se está esperando, que siempre está por llegar, y nunca se materializa -en realidad (...) al menos para nuestras cabezas..."

viernes, 21 de septiembre de 2007

Una Historia, que no interesa... a NADIE (ya!!!)

...Esta iba a ser una entrada sobre un tipo, que un día dió un salto, y ya nunca volvió a caer...

También iba a ser una entrada sobre un amigo mío que le pasaba una cosa muy curiosa: y era que él sentía el paso del tiempo, al doble de velocidad del resto (pero cómo lo podría probar?) De ahí su eterna cara de aturdimiento...

...Iba a ser una entrada sobre los mil títulos distintos que se me han ocurrido para ponerle a las entradas, y las cero historias que tengo para contar debajo...

También iba a ser una entrada sobre el nuevo móvil que me han regalado -por mi cumple- que yo pensaba que con el cambio traería tb llamadas y mensajes de gente... pero resulta que el móvil es nuevo, pero las llamadas son las mismas...

O iba a ser una entrada sobre aquél tipo que un día conocí, que alla dónde iba estaba siempre condenado a hacer lo contrario de lo que hiciera todo el mundo: si la gente sonreía o reía, él estaba serio; si la gente aullaba en un programa de televisión, a él lo podías ver en su asiento leyendo el periódico...

O sobre un tipo que un día encontré en el metro cuya mayor ilusión era coleccionar viejas películas del Oeste que desesperadamente, con una lista, buscaba en los videoclubs...

Tb iba a ser una entrada sobre el tipo que despertó de la siesta soñando que le llegaba el mensaje de la persona de quién tanto lo esperaba... y al despertar encontró que estaba tumbado en un banco, y debía volver a trabajar...

E iba a ser una entrada sobre ese tipo de quién un día se olvidaron todos de golpe...; y cuando volvió a estar bajo los focos, y lo volvieron a recordar, el hombre sólo pudo contar... "una historia, que no interesaba a nadie..."

...Y en fin, tb iba a poner por aquí un poemilla o coplilla que hoy recordé de hace tiempo, pero con el día que tengo, ahora al ponerme a escribir, pues tampoco lo he podido recordar. Sólo sé que se llamaba:

"SI TÚ QUIERES, YO SÍ QUIERO"

...así que cuando tenga un día mejor que éste, y la entrada pues... se deje hacer un poco más y no sea tan estrecha como hoy, prometo ponerlo... ¿mañana?

De momento os dejo con el amigo S. Dalma, para redondear un día... horterilla.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

ELLOS SOLO SE ENAMORAN DE LAS TIAS BUEN.. DE LAS CHICAS GUAPAS

LOS DOS VIDEOS MÁS CACHONDOS DEL VERANO para vosotros...

¿Cual prefieren, el VIDEO 1, o el VIDEO 2?

¡VOTEN, POR FAVOR!
VIDEO 1



VIDEO 2.

lunes, 10 de septiembre de 2007

BARRERAS MENTALES (II)

De momento, ahí va eso

El día en el que no podía llegar al trabajo –por más que lo intentaba

Es el día en que no encontraba ningún bar abierto para tomar un café

Y es el día en el que intenté tomar el metro del andén de enfrente

El mismo día en que toda la ciudad me parecía hecha de escaleras

Y era el día en que no encontraba la ropa, para acabarme de vestir

El mismo día en que descubrí un agujero en mi bolsillo


Era el día en que nunca acababa de sonar el despertador, para levantarme

Es el día en que no encontraba la manera de entrar al metro al fin.

Y era el día en que no hallaba la forma de acabar una conversación

Es el día en el que me acordé otra vez del viaje que no hice

O el día en que me decía continuamente: “algo no va bien”

Era el día en que no podía escapar a los recuerdos de lo que no había vivido.

Ese día en que… no conseguía creer en nada de lo que decía... (sigue)



domingo, 9 de septiembre de 2007

"P E R D I D O _ E N _ U N _ B A R" ...coming up soon...

Otra rallada más
…Ahora escribo desde lo más profundo de un bar, la última mesa al fondo, iluminado apenas por una lamparita sesentera que tintinea dos mesas más allá, con un ir y venirse como de tormenta tropical, pero que no es sino síntoma de lo gastado de la bombilla y de lo antiguo todo del lugar (…) pero bien sabe dios que hubo un tiempo en que yo estuve allá afuera, entre todos los otros, un tiempo que –al menos así aparece en mi memoria- lucía soleado, en que la gente me quería o al menos me conocía, o al menos me recordaba, que disfrutaba de familia, de amigos o gente que aparentaba serlo, un tiempo en que mi esquiva sonrisa aún engatusaba a las chicas, y mi franca honestidad hacía de mí alguien entrañable o confiable para las relaciones, los tratos, los asuntos de trabajo…

…Pero cómo decía la canción, “…ahora el mundo es muy viejo / y el cielo está demasiado lejano”, o al menos así es para mí, desde el día en que, inopinadamente, caí en este extraño y apartado bar, en esta cárcel del pasado que me mantiene como retenido en el tiempo, pudiendo atisbar solamente las imágenes de mis recuerdos, como en una tela de araña, una tela de araña fuera del tiempo, porque, como dijo otro alguien “el presente nos traiciona constantemente”. Y el presente, en esta especie de limbo en el que ahora ando cotidianamente, es algo que, por aquí al menos, no se deja atisbar…

Desde el día en el que tuve la pésima idea de entrar aquí…

(muy próximamente, más…)

Este video me recuerda extrañamente una vieja experiencia personal:

martes, 21 de agosto de 2007

en el OJO del HURACÁN

...La línea roja de trazos es la trayectoria de mi vuelo de mañana sobre el Caribe rumbo a México. Y (no es por ponerme trágico, pero) eso blanco de debajo con mala pinta y forma de espiral es el huracán "Dean" a fecha de hoy...

Así que si todo va bien y el avión aguanta y todo eso, os contaré la aventurilla por aquí. Un saludete y ...veremos como se porta el amigo "Dean"...

miércoles, 8 de agosto de 2007

próximamente... BARRERAS MENTALES




Lennon, de paseo por el Retiro

viernes, 3 de agosto de 2007

EL GESTO DE “JAJA”

No sé, tal vez tenga razón alguno, cuando me dice que soy un romántico sin solución, pero la verdad es que no considero que el sinónimo de sensibilidad sea llorar con Titanic, emocionarse y soltar lagrimitas falsas si te regalan una flor o llenarse la boca con frases que contengan la palabra “amor”. No, para mí un gesto de idealismo, y por qué no decirlo, con un punto de romanticismo del de antes (del bueno) es el que tuvo el ciclista francés Laurent Jalabert en la cima de la etapa de Sierra Nevada, Vuelta Ciclista a España del 98.

Dietz a la derecha. Jaja con gafas a la izqda.

Recuerdo aquél día muy bien. A veces en la vida todo el mundo, la gente, las cosas que te rodean, parecen envueltas en una extraña maldad, en una carencia de inocencia, te da la sensación de que todo el mundo parece saber algo que no sabes, y en definitiva el mundo entero parece encantado, como maléfico; amenazador; Son esos días en que miras con escepticismo total y desesperación a la Vida, y sientes que ya no se puede esperar nada más. Que ya no se puede aguardar nada bueno de ella; de ellos, de la gente. Un día como uno de estos que decía, era aquél en el que, en una especie de sopor post-comida, tumbado en el sofá de mi casa, veía desganado el final de la etapa de la Vuelta, tal vez desencantado también porque no ganaba aquél corredor que me gustaba, porque todo parecía predecible, porque al ciclista que se había escapado kilómetros y kilómetros lo iban a coger justo en la llegada, y además lo iba a coger ese maldito caníbal de gabacho que lo llevaba ganando todo, y que casi no dejaba de ganar ni una etapa al resto: François Jalabert, “Jaja”.


Sí, a veces un acontecimiento deportivo, un partido de fútbol, ese resultado de tenis que no acaba como esperabas, una etapa de Tour, puede ser suficiente para amargarte: es la gota que colma el vaso de tu cotidiana desesperación, el grano de arena que viene a derrumbar la duna del hastío. La gota de lluvia que ya cae sobre suelo mojado… Sin embargo, aquél día, sin suceder nada grandioso, sin acontecer una de esas hazañas deportivas que de cuando en vez llenan las portadas de los periódicos, sin embargo si ocurrió, allí, a escaso metros de la llegada de la cima, algo que me hizo abrir los ojos e incorporarme levemente desde mi desganado lecho, para poder ver atentamente lo que estaba sucediendo:


…Un alemán, como antes decía, Bert Dietz, venía escapado de largo trecho atrás. Era uno de esos corredores grises que pueblan el pelotón, de esos que sólo hacen el trabajo sucio a sus líderes, o tal vez sirven sólo para poner otro punto de color en esas imágenes que nos sacan en la tele y le sirven al locutor para decir aquello tan resultón de “la serpiente multicolor”. Bert Dietz era uno de esos obreros anónimos que rara vez, tal vez por casualidad, saltan al primer plano de la actualidad o de las cabeceras de los periódicos. En la vida cotidiana, la real, sería uno de esos tipos cuya única oportunidad de ocupar un primer plano en alguna portada, sería tal vez la de coger una escopeta y disparar a todo dios desde una ventana (cosa que a veces sucede, en los USA sobre todo). Pero al bueno de Dietz, por suerte, ese día sólo se le ocurrió el lanzar un ataque de esos heroicos o desastrosos, de esos que empiezan al principio de la etapa, y que después de discurrir en solitario al través de kilómetros y más kilómetros de puertos asesinos por una etapa de montaña que atraviesa una sierra o una serie de cimas, suelen concluir más o menos cerca de la meta, en una triste captura, cuando los “buenos” de la “general” se lanzan en sus ataques particulares, ya sea por ganar la etapa, o la posición de líder de la clasificación.


…Pero aquél día el ataque de Bert Dietz había llegado bastante más allá, y se había plantado en la ascensión del último puerto, la temible subida a Sierra Nevada, con ciertas posibilidades de llegar el primero. La ascensión de Bert en este puerto fue conmovedora, desesperante, trágica: al hombre se le veía dándolo todo, rompiendo a sudar, incapaz de desplegar una pedalada pelín más ligera, mientras por detrás, como lobos, los “buenos” lanzaban sus ataques frenéticos y veloces; sin comparación con la estampa que ofrecía el pequeño y “torpe” rodador alemán. Para desesperación de los más idealistas, la amplia ventaja en la base del puerto se reducía a pasos agigantados: de los 5 minutos y pico del principio, se pasaba en muy poco tiempo, a cuatro, luego a tres, a dos y medio… ¿Llegaría, no llegaría? Los comentaristas hacían apuestas. De pronto, entre el selecto grupo perseguidor de elegidos, Jalabert, aquél año intratable en la Vuelta, lanzó un ataque demoledor. Quedaban apenas tres kilómetros para meta, y la minutada que había perdido el alemán, había dejado la diferencia en poco más de un minuto. Casi podía ver las vallas, la gente que se apostaba allá arriba, el tinglado de podios y pancartas de la llegada, desde una de las curvas de la empinada cuesta, y sin embargo, un “monstruo” venía por detrás, cruelmente comiéndole a pasos agigantados su ya escaso margen de tiempo… Finalmente Dietz se plantó en solitario al inicio de la larga recta en cuesta que terminaba en la línea de meta. Sin embargo, un instante después, el plano del realizador en tv dejó mostrar la figura de Jalabert, que venía lanzado, aparentemente encima de él, amenazante… se lo comía. En ese instante, muchos telespectadores nos incorporamos, miramos con los ojos como platos, esperando ver consumarse la tragedia. Tal vez aquello ni nos iba ni nos venía, los propios problemas de nuestras vidas estaban demasiado alejados y eran suficientemente importantes, y sin embargo, ver a un hombre que ha estado heroicamente “escapado” por 200 km de la más infernal etapa de montaña, perder la victoria a falta de 100 m de meta, a manos de un ambicioso y acaparador ganador de apetito insaciable, tocaba la moral propia de una forma difícil de explicar.


… Y sin embargo ocurrió: Jaja llegó hasta la altura de Metz cuando apenas quedaban 80 o 100 m; el pobre alemán se volteó y lo debió mirar exhausto, derrotado: casi humillado. Pero Jaja simplemente puso su mano sobre el hombro de Dietz, le dijo algo, e inesperadamente para los miles de espectadores que en ese momento debíamos estar viéndolos, simplemente lo acompañó a lo largo de los 60 m que quedaban, para merecida e increíblemente dejarlo ganar. Tal vez esto no sea ni signifique mucho para algunos. Pero hoy me he acordado de aquello, y me ha ayudado a ver que, de vez en cuando, llega un rayo de luz entre tanta ofuscación alrededor. Estoy seguro de que muchos desde aquél día hemos soñado con poder encontrarnos en aquella situación, y poder hacer lo mismo que Jaja hizo entonces.


«Una vez que inicié el viaje no me planteé la posibilidad de renunciar. Sabía que tenía que llegar y, aunque lo he pasado realmente mal, lo he logrado». B. Dietz, Sierra Nevada, 1995

martes, 24 de julio de 2007

LA ENTRADA SIN NOMBRE

Bueno, hoy no tengo mucho que decir de nada, simplemente estoy un poco “aplanado” por el verano y por la vida en general, así que se me ha ocurrido ponerme a escribir de cualquier cosa a ver qué sale…

…Pues yo estaba apoyado en esta esquina, esperando ver a la gente pasar, y esperé y esperé y nadie pasó… O si pasó alguien conocido, y yo miré de reojo, no me vieron o no me quisieron ver, y yo tampoco quise tal vez saludar, harto de hacerlo y que no me respondan, como quien clama en el desierto…

“…Y pasó /tanta gente por delante que nadie me vio”


…La gente esta llena de sobreentendidos, que sólo unas pocas veces son acertados. La vida está llena de callejones sin salida a los que nos conducen los días, y sólo unos pocos de repente se van abriendo en grandes rutas que tal vez iluminen el futuro de nuestras vidas. Como veis, me he puesto a filosofar. He dejado ya la esquina en la tarde soleada, a medida que el sol bajaba y me iba molestando, y me he metido en un soleado bar. Y en los bares, pues, o se bebe, o se filosofa; o las dos cosas.

“lo mejor está por venir. Hemos ido muy deprisa…”


…Las soleadas rutas que inesperadamente te llevan a otro lugar de tu propia vida, a veces tal vez llegan desde un principio oscuro, pequeño, que no pintaba nada bien. Y luego repentinamente, sigilosa o tímidamente, se va tirando del hilo. Todo lo demás va quedando como vías muertas, eslabones perdidos… Tal vez eso tan grande, en lo que habías puesto tantas esperanzas, y que se fue a pique… Con la gente es igual. A veces una persona llega tímidamente, nada esperas de ella, y un día de pronto, se abre camino. Se empieza a abrir una nueva posibilidad, y con un vuelco de corazón, aciertas a tener la certeza de que esta vez será la buena. De que, con ella, sí. …Otras veces, eres tú el elegido. Te chantajean, te dan ultimatums, dejas de luchar –cansado- por esa ilusión esquiva, y te quedas con lo que se te da: ya no eres infeliz; pero tampoco dichoso.

Tan libre y tan aislado / buscando nada en ningún lado”


…El sol de tal vez uno de esos pasajes secretos de la vida que me podrían llevar a otro lugar, se empieza a poner tras de los lejanos edificios, por las cristaleras del bar perdido en que me encuentro. Definitivamente, no soy un aventurero. No sé elegir los momentos. A veces en la vida llegas a pensar que estas condenado a resbalar por todo, y de todos, y que nadie te asirá un día el brazo para quedarse contigo. Tal vez secretamente no lo quieres, tal vez inconscientemente lo evitas. Pero a menudo el mundo parece fluir tan coherente, toda esa gente, contigo aparte a un lado… Y te sorprendes haciendo que buscas a alguien, cuando en realidad si te paran, respondes: “no, no estoy buscando a nadie”.
…Me gustan las canciones suaves, que lo son aparentemente, pero de fondo son las más duras…

Desde que tú te fuiste nunca fue lo mismo /perdí la razón por pasarme de listo…”


…Hago una mueca con mi cara, y le pido al jefe que ponga una última. Mañana trabajo. Y le pido de paso otro favor: que ponga música. Un poquitito de música por favor. Me sorprende en la radio la canción que da fondo a esta entrada, y que me incitó a pergeñar estas líneas en una servilleta de este perdido bar. Hacía TANTO que no la escuchaba… Hoy no tenía palabras para nadie, y esa sóla melodía me ha empujado a divagar todo lo de acá arriba. …Hace un rato mismo, le hacía esa misma mueca del bar a una chica en el Metro –sólo por molestar- y se asustó: salió corriendo. …Je, je, puedo ver hasta el video, una camioneta que recorre un paraje soleado del interior, aunque aquí, afuera ya, cayó la noche. Tal vez pronto deba marchar, encontrar esos lugares… Alguien me dijo, de algún otro “no sabía que todo eso lo hacían para que se fuera de allí. Para que saliera, y buscara suerte en otro lejano lugar…” o algo así… Y pienso si conmigo no será igual. Como decía otra canción “ya sabes como hay que apurar/ la última vida de un gato”, me apuro la penúltima: tal vez como me dijeron hace poco “aún eres muy joven”; e igual que no me atreví a responder “pero también soy un poco gato”

¡Qué se debe, jefe! …Y a otra cosa…

“..te guardé una entrada para el “desconcierto” / ví tu sitio vacío y preferí verme muerto”

Todos los comentarios y frases entrecomillados y en cursivas, fueron pronunciados por los protagonistas de una triste y lejana historia sucedia en Madrid hace ya demasiado tiempo...

miércoles, 18 de julio de 2007

LOS EDIFICIOS… ¿NOS OBSERVAN?

SÍ. Así es.

…Nos observan.

…y les diré por qué lo sé.

Pues bien; alguien me contó la historia de otro alguien alguna vez: tal vez era la historia de una chica, una chica pequeñita que se movía frecuentemente entre un mundo de gigantes (o, al menos, de gente más grande que ella) por la ciudad. Una chica liviana y delicada, que un día que hacía mucho viento, llegó a temer que pudiera salir volando por el aire…

Esta chica de que les hablo, que tal vez sólo sea un arquetipo, o tal vez no, a veces se ponía a andar con sus patitas de cristal por entre la ciudad de moles y gigantes, yendo de un sitio a otro lugar, y tal vez, si la llamaban por teléfono, seguía y seguía, olvidando al colgar que había ido mucho más lejos de adonde ella quería llegar…

Para ésta chica, perderse no era una sensación agradable, menos en la jungla de su ciudad, y siempre que le pasaba, pues la ciudad seguía siendo muy grande, demasiado, para ella, buscaba el refugio del Metro, que con sus líneas y transbordos, e indicaciones, siempre la podía llevar de vuelta a casa… Y a veces, perdida o no, sabiéndose envuelta por un maremagnum de otra gente que, como ella, iba y venía, y se perdía o se encontraba, y caminaba de un sitio a otro lugar, con sus propios problemas, con sus ajetreos… no le parecía sino que, pese a estar toda esa otra gente allí, …, los edificios, los árboles, las ventanas, la ciudad entera, la miraban sólo a ella y a sus problemas; como si fuera ella la única que anduviera por allí en realidad, como si sus problemas fueran los problemas del mundo, pues en realidad para ella, en esos momentos, el mundo se acababa en torno suyo, y no hubiera podido jurar que existiera el mundo también al mismo tiempo en una kasbah de Libia, o en una playa de Papua Nueva Guinea, ni siquiera, incluso, dos calles apenas nada más allá de donde ella caminaba, pues eso era algo que no podía ver…

Y era cierto. Los edificios, que llevaban levantados, según le habían dicho, de mucho antes de que ella naciera, parecían observarla; parecían compadecerla en sus preocupaciones, comprenderla en sus errores; preocuparse por sus decisiones, por las que había tomado antes, y por las que habría de venir a tomar… Y lo hacen, lo hacían, efectivamente, con la sabiduría y experiencia que da el haber visto pasar a tantos antes como ella, con su misma sensación pero distintos problemas… y con la certeza de saber cuantos vendrán después, exactamente lo mismo, igual…

y se lamentan, que lo sé yo, de:

- ver gente que lo único que sabe hacer en la vida es esperar el autobús siempre.
- ver gente que renunció a lo que le gustaba por no tomarse el esfuerzo de buscarlo, y que se conformó con lo que simplemente le llegó.
- que no viéramos lo que teníamos delante de nuestras propias narices. Que no detectáramos lo obvio.
- de ver gente a la que no han sabido aprovechar los demás. De ver gente que no quiso o supo aprovechar lo bueno que tenían los demás.
- …y más cosas que piensan los edificios que ahora no se me ocurren, pero que prometo completar cuando se me vayan ocurriendo…

“Hay una grandeza… (…) en estar tirado, despreciado y olvidado de todos” dijo alguien, seguramente un poeta maldito o alguien así. Algo así les sucede a los edificios: están ahí, olvidados de todos, como en un segundo plano, y sin embargo conservan esa grandeza. Esto es lo que los edificios piensan, y dirían si pudiesen hablar, sobre nosotros, todos los que pasamos por abajo...


UN RÍO, UN DESTINO

Un día de hace bastante tiempo, viajando en coche con mi familia creo que era, se me ocurrió preguntar a mi padre algo así como: ¿tú crees que, desde el lugar desde el que un río aflora… existe un único camino –debido a las curvas de nivel y todo eso- por el que deberá bajar, desde ese mismo punto, hacia una única desembocadura en el mar? …Bueno, la pregunta no recuerdo muy bien cómo era, recuerdo que entonces tampoco la supe formular bien, y me respondieron algo así como “eso que preguntas no tiene sentido…”, creo que nunca logré explicarme al respecto, y decidí dejarlo ahí, pero yo para mis adentros entonces, igual que ahora, sabía que me entendía. O, al menos, me dominaba una sensación interior que me llegaba clara, una duda, aunque no pudiera explicarla del todo inteligiblemente en palabras…


La pregunta, finalmente, supongo que al final es: ¿existe un camino marcado siempre, de antemano, del que ya no se puede salir? Es una pregunta tópica y recurrente, cuasi filosófica, de esas que salen siempre en conversaciones, ya sea volviendo en un vuelo desde China, o al final de una comida familiar… Y siempre hay opiniones que se pronuncian: “sí, yo creo en el destino”, “no, yo creo en la voluntad humana” “nuestra vida son dos puntos, este y este, y al final, por distinto que hagas el camino, o sinuoso, no dudes que llegarás al mismo final”, o la más frivolonga “si no ha pasado, es que no valía la pena”… En fin. No me pronunciaré al respecto, pues lo que diría sería igualmente tópico, o una burda filosofada propia de quien desconoce en propiedad las obras de Hegel o Nieztsche, que seguro que tendrán algo mejor que decir ;-). Que el destino final es la muerte ya lo sabemos, eso nos lo han dicho muchos (pero no nos han dicho “qué” es la muerte), pero tal vez no me refiero a eso exactamente. Me refiero más que a “nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir”, a “si juzgamos sabiamente /daremos lo non venido /por pasado”. ¿Es así de determinado todo, en la vida? ¿No hay escape posible? ¿…Ya no queda tiempo para escapar?


Alguien dijo: “El destino no se puede cambiar/ pero sí se puede torcer” (¿un amigo mío?). Me quedo con eso. Yo creo que hay algo muy grande y con mucha inercia que efectivamente resulta demasiado pesado para que nosotros insignificantes hormiguitas, lo movamos. Pero que también “la vida” se trata constantemente de intentar eso que no se puede hacer. ¿Es la vida fácil?


…Hoy en día los ríos se pueden mover. Se pueden torcer. Los ingenieros tuercen los ríos. Tal vez el destino de muchos ríos sea recorrer millas y millas (que queda mejor que decir kilómetros) por territorios agrestes y estériles, y verter luego indolentemente el agua al mar. También creo que en las ciudades en las que periódicamente la gente moría por las inundaciones que traían los ríos, muchos se reirían cuando a uno sólo se le ocurrió la idea de mover el río y sacarlo afuera de la ciudad. “Un río no se puede mover. La naturaleza es como es. Es idiota eso que dices” o algo así le dirían. Supongo que sería la idea de uno contra la de diez mil o más, pero luego un año alguien (¿ese “uno”?) demostró que sí se podía, y las ciudades ya no se inundaron. También creo que por cada diez mil o más ríos que recorren terrenos estériles sin moverse, alguien, uno sólo o menos, decide intentar torcerlo un poco para que llegue a regar tierra que pueda germinar simiente, semillas que llevan a lo mejor lustros esperando (no, no digo que sea pro-trasvases). Supongo que hay ingenieros que mueven ríos, y hay ingenieros que tuercen destinos.


Pero en fin. Para todo eso, imagino, hace falta una convicción más grande que un destino. Dabuti. Casi nada. Y eso, sin contar con la inercia (que, a medida que va bajando, se supone que va ganando el río), ni con el desgaste (de la convicción).


…Me he puesto muy filosófico en esta entrada, lo sé, y sin embargo, les invito a que pasen y dejen una opinión al respecto o sobre lo que les dé la gana.

jueves, 12 de julio de 2007

EL HOMBRE QUE NUNCA DESPERTÓ... DE SU SIESTA


Yo tenía un amigo llamado Santiago. Es un caso curioso, pues éste mi amigo, siempre que quería contar algo sorprendente o chocante, o incluso alguna broma, algo que le hubiera pasado a él mismo (en realidad), empezaba a decir “pues yo tenía una amigo que tal…. y una vez le sucedió una cosa muy curiosa, cuál…”, y los que de verdad le conocíamos –que éramos muy pocos, os lo aseguro- le mirábamos, pensando y sabiendo para nuestros adentros que en realidad era de él mismo de quien hablaba…

Pues bien, a ese amigo mío que yo tenía, como os digo, le pasaba una circunstancia muy curiosa. Bueno, en realidad le pasaban varias circunstancias curiosas (de ahí tal vez, el que siempre quisiera descargarse peso, diciendo que las cosas realmente le pasaban a otros terceros, y no a él). Por ejemplo, una de las cosas que le pasaban, y en esto él era absolutamente único en el mundo, es que, a veces, cuando la circunstancia era precisa y óptima, entonces, como si saliese de sí, se podía ver a sí mismo como si lo viera una tercera persona. Se podía ver, físicamente, como estando fuera de sí. …Pero bueno, esto es otra historia que nada tiene que ver con la que de hoy os venía a hablar. Así que vayamos al grano.

La circunstancia curiosa que le pasaba a mi amigo Santiago, esa de la que hoy SÍ venía a hablaros… era la de poseer otra muy extraña y curiosa facultad, que consistía en algo así como… cómo lo diría yo… sumergirse en unos sueños, siempre después de comer, siempre a la hora de la siesta –que dicho sea de paso, respetaba escrupulosamente- que resultaban curiosísimos, pues según nos contaba él, tenían la extraña capacidad de revelarle aspectos y respuestas a las dudas capitales de la vida.

…Las siestas, esas extrañas siestas de mi amigo (y no así los sueños nocturnos, por ejemplo) le proporcionaban, repentinamente, respuestas para la vida que le evitaban muchos de los quebraderos de cabeza por los que el resto normalmente debemos pasar, y que en el caso de mi amigo, debido fundamentalmente a su peculiaridad, eran aún mayores. Le decían, por ejemplo, a qué chicas, de esas a las que trataba y tal vez no le hacían caso, valía la pena llamar, insistir. Cuáles otras realmente se habían portado desconsideradamente con él, cuáles no le trataban con justicia, y por tanto no valía la pena volver a intentar nada. Cuáles sí, cuales se merecían el esfuerzo y habrían de recompensarle en el futuro con cariño o, al menos, con amistad sincera…

Total, que esas dudas existenciales que a menudo nos asaltan, y que pueden llegar a destrozarnos tardes enteras con su rastro de angustia, las vivía mi amigo –no sin gran dolor, no sin que le llegaran a parecer situaciones totalmente reales y , a menudo, aún peor que reales- durante sus siestas, y sin embargo siempre, al acabar, la respuesta, la solución al angustioso enigma, que parecía mucho más monstruoso y devastador en sueños, le llegaba en un mensaje final, suave y tenue, como dejado en el aire, que siempre se producía al empezar a despertar, y que le decía, solamente: quien sí, quién no, qué cosas hacer, cuáles no…

Otras veces, sin embargo, las siestas eran extrañamente plácidas, teñidas de un placer tan agradable y embriagador, que mi amigo Santiago no podía sino recordarnos con goce y añoranza, como si realmente deseara volver a su cama y revivir aquellos sueños vespertinos de los que la Realidad, tan cargante y tozudamente, venía a sacarle para traerle a nuestra presencia. Diríase que, en esas situaciones, para nuestro amigo Santiago, la vida era sólo un recuerdo vago y pálido, a menudo cargante y repleto de indeseadas responsabilidades, respecto a esa otra realidad más ensoñada pero más compasiva con él, que era el sueño. Porque la verdad es que la Vida, la vida real y despierta, a mi amigo Santiago, no le trataba del todo bien.

En realidad (yo creo ahora), no era eso exactamente, sino más bien lo que pasaba es que Santiago estaba como envuelto de un halo, una sensación, como si él no estuviera nunca despierto del todo. Como si anduviera siempre a medio hacerse, a medio despertarse: es por eso que las obligaciones de la vida, los ajetreos de ésta, las responsabilidades que continuamente deben asumirse, le resultaban tan pesados: obligaciones como las de mantener relaciones con otra gente, como ocuparse de amigos, como ocuparse de chicas, de tener que “flirtear” con ellas, de tener que llamarlas, de tener que esperarlas… Eso le era pesado. …Todo lo que no le daba su teléfono móvil (siempre vacío de llamadas), todo lo que no eran para él las inexistentes cartas, las lejanas noticias, los requerimientos sobre su persona –que nunca llegaban- lo era, sin embargo, su siesta vespertina. Era una siesta mágica, como vulgarmente se dice. Así lo era para él.

…A veces podía oírlos a los demás, (me contaba una vez) sus voces cómo lejanamente sonaban, -como si tal vez él pudiera estar allí, entre ellos, pero nunca del todo-, como si, en realidad, un mundo le separase del mundo real, como si hubiese aún un mundo intermedio, interpuesto entre el suyo, y el que ocupaban todos los otros. …Otras veces, podía oír lejanamente sus pasos, los de su familia, las voces cómo se iban alejando, cómo salían de la casa, y luego, al despertarse en la realidad, siempre le ocurría lo mismo: esa extraña sensación, al despertar, de que todos ya se han ido. De que todos han abandonado la casa…

(Es curioso, noto que empiezo a hablar de mi amigo, como si tal vez lo conociera demasiado…)

Así veía a la gente Santi en sueños. Como desde debajo de una piscina

Me decía, intentando explicar la situación, que era como si viese a las otras personas, como se verían… estando debajo de una piscina, y la gente estuviera arriba, y se les viera así desde una distancia y una perspectiva que los hiciera distantes e inalcanzables –por siempre- a su propia persona.

…Poco a poco, sin embargo, Santiago había venido notando –como un día me confesó- que cada vez, cada día que pasaba, le iba costando más y más el despertarse, el levantarse de sus siestas. Como si el sueño, extrañamente, le fuera ganando terreno a la vida… A veces, tal vez inmerso en el sueño, confundía ficción con realidad, siendo estas situaciones bien fascinantes y embriagadoras, bien completamente aterrorizadoras. En otros momentos, ora despierto, andaba en que ya no sabía si estaba viviendo realmente el sueño, y tal vez probaba a hacer actos disparatados, locuras propias de la ensoñación, sin reparar en que estaba entre el mundo de los despiertos de nuevo...

…Yo le advertí. Le advertí, a mi amigo. Le dije que tenía que cuidar eso, que debía tomar precauciones, ir a un médico, porque ese su don, teniendo tantas cosas positivas y satisfactorias, tal vez, sin controlarlo, un día pudiera llegar a… Sin embargo, él me respondía que contaba con un inestimable aliado en su viejo reloj con cronómetro, un reloj que tenía desde hace nosecuantropecientos años ha, y que siempre le despertaba con el sonido pipipipiit de su despertador, sin riesgo al error o al descuido. Santiago creía, realmente, que aquél reloj “mágico” sólo le podía despertar de hasta el más profundo sueño; pero que, en su falta, ninguno otro lo podría hacer igual…

…Un día a su reloj digital, ese viejo reloj Casio que, casi mágicamente, le despertaba por las mañanas y en las tardes, con su pi-pi-pi-piiiiiiit (sin el cúal, como digo, Santiago pensaba, no podría seguir pues ningún otro despertador le habría de despertar igual,) empezó inadvertidamente a fallarle el enganche: ese pequeño pasador metálico que a veces se sale de su posición, y que hay que cambiar cuando empieza a coger holgura…

…Santiago encontró en la calle cercana a donde trabajabamos a una extraña y vieja señora que reparaba correas de pulseras y demás –y esto le sorprendió un poco- la cuál, como luego comentaba a su madre, “le atendió muy amablemente nada más verle pasar a su modesta tienda; le reparó el reloj colocándole un pasador nuevo, y con varias puntadas de pegamento había remendado el enganche… Y luego, al acabar, extrañamente no le había querido cobrar nada”. Sin embargo, al salir, le había mirado extrañamente; como con una media sonrisa en la boca. (No sé si este detalle es importante, pero por si acaso lo cuento; pues a la luz de lo que pasó después, no he dejado de pensar en él…)

Pues bien. Desde aquél día, no volví a ver a mi amigo Santiago. Ya nunca he vuelto a saber de él. Ha pasado mucho tiempo desde el último día que lo ví, en el que me contó esta última historia: en su casa no me han querido hablar más: nada han querido responder del enigma. Según ellos, se fue a otra ciudad... Pero yo sospecho la verdad, porque en el trabajo que compartíamos, sólo un día después, encontré el viejo cronógrafo de Santiago (el único que podía despertarle), que se le había caído (inadvertidamente, seguro) por el defectuoso enganche del cierre. Sé que aquél día Santiago se acostó para una de sus largas siestas, y ya no despertó más… Tal vez, sea ahora mejor para él, pues siempre pensé que ese su mundo propio de él, el del sueño, era en realidad el lugar al que siempre –secretamente- había pertenecido, eternamente somnoliento, sin chicas indecisas a que llamar, ni decisiones vitales que tomar. En todo caso, vaya este recuerdo por él. Que el Señor lo proteja.
Canción recomendada: "Looking glass", de The La's (no la encontré en youtube...)

jueves, 5 de julio de 2007

2. LEE MAVERS, Y LA CANCIÓN PERFECTA

PERDIDO Y NO ENCONTRADO: LEE MAVERS

“GIVE ME ONE LAST KISS / BEFORE I GET OUT OF THIS”


Igual que si escucháramos una canción que nos sonara mucho pero que no pudiéramos reconocer del todo con exactitud, tal vez nos fascinara e intrigara aún más el saber algo acerca de ella, …, hay algunas historias aparentemente sin historia (y con personaje desaparecido), que nos llegan a intrigar más de lo esperable. Más de lo que sería normal.



…En el momento en que escuché casi por casualidad oír hablar sobre Lee Mavers –una de esas conversaciones ajenas, en el Metro o en cualquier otro lugar- se apoderó de mí una fascinación por saber, por conocer algo más del personaje. Supe que ya no lo podría dejar pasar. Por él, y por la canción de la moraleja que iniciaba este artículo. La canción sería, sin duda, “There she goes”. Y el personaje perdido sería, por supuesto, Lee Mavers, de los “The La’s”. Hagan una cosa: pónganle “There she goes” a cualquier persona que conozcan: reaccionara, creerá reconocerla, preguntará de qué le suena tanto esa melodía, …pero no sabrá decir quién la cantaba.

…Les voy a contar una historia. La historia de un grupo de mozalbetes (suenan de fondo unos acordes introductorios casi irresistibles), unos mozalbetes de una ciudad del norte industrial de Inglaterra, p.ej., Liverpool (ciudad curiosamente generadora de grandes grupos musicales, un ejemplo sería The Beatles, no se si les suenan), unos chavales casi imberbes aún, que se juntan por su pasión por las guitarras y por los grupos de Beat Rock de los 60, sobretodo Beatles y Stones. Destacaba entre ellos un muchacho problemático, con pocas habilidades sociales o en la escuela, y que sin embargo empezaba a descollar por una preocupante habilidad… la de empezar a conseguir que misteriosamente surgiera magia cuando cogía una guitarra y cantaba. Eran mediados los 80, pero para ellos era como si fuese el 66: les podía dar igual. Tal vez su fantástico mundo de cuerdas y bordones, y coches rápidos y brillantes de los cincuenta, y muchachas que veían pasar sin que dejara de cortárseles la respiración…, fuera demasiado real cuando cogían los mástiles y baquetas y dejaban a un lado toda la grisura de su ciudad; de sus vidas, de sus modestas familias… de todo eso que es la vida sin la música.

Lee Mavers y un grupo de compinches fundaron un grupo de nombre bastante estúpido, “The La’s”, que al parecer se le ocurrió al primer cantante del grupo en un sueño. E igual que uno a veces necesita entrar en calor para que le vayan saliendo las cosas, para que le salgan las cosas realmente buenas que se tienen dentro, The La’s se fueron rodando y entrando en calor a lo largo de los 80, hasta conformarse en cuarteto con Mavers como cantante y principal compositor, o más bien artesano, orfebre de sus propias canciones. Fue así como fueron puliendo hacia el 87 u 88 un repertorio de canciones límpidas, brillantes, casi eufóricas en cuanto a sus guitarras brillantes y su perfecta conformación “pop”. Y la joya de la corona, la canción irresistible, la que se iría puliendo, sin acabarse nunca de hacerlo, desde el 88 y siguiendo, según dicen, hasta nuestros días, es “There she goes”.

Fascinados por el deslumbrante talento de Mavers y la brillantez y perfección de las composiciones de su grupo, en su discográfica los anduvieron persiguiendo durante más de 3 años, para que finalizaran de una vez el inacabable proceso de pulido de los temas, meterlos en un estudio, y grabar por fin su primer álbum: el disco perfecto, el sonido que habría de revolucionar las listas de UK y del pop mundial… ¿los nuevos Beatles?

…Pero no fue posible. Lee nunca soltaba del todo las canciones. Les daba vueltas y más vueltas, las grababa una y otra vez, añadiendo algo, quitándoles otra cosa... Consiguió que le trajesen una mesa de grabacion auténtica de los 60 para conseguir un sonido como el de entonces, y luego lo mandó todo al carajo porque decía que la habían limpiado y quitado el “auténtico polvo de los 60”. Insistía en que las guitarras con polvo encima sonaban mejor, buscaba mil modos distintos de encontrar un sonido más puro, más cristalino: reverb en las voces (con ese extraño efecto de eco), guitarras dobladas y triplicadas… Siempre en acústico.

Finalmente, alguien de la discográfica, ya en el 90, tuvo que encargar un “robo” de las cintas de Lee, para contratar, a hurtadillas de la banda (de su líder) al más brillante productor de pop del momento, (Smiths, Ligthning Seeds) el (titánico) trabajo de la producción del gran disco, del disco eternamente esperado. Cuando al fin salió el disco homónimo de “The La’s”, con 12 cortes cuasi-perfectos y brillantísima producción, la crítica fue unánime, el público aficionado, por unos tiempos, respondió entusiasmado: era el nuevo sonido, el disco más impresionante de los últimos tiempos, el grupo más convincente y novedoso… y sobretodo, contenía la canción perfecta: “There she goes”.

Así pués, el disco entusiasmó a todos, crítica, público, incluso oficiosamente a los otros miembros de la banda… a todos menos a Lee Mavers. El escurridizo cantante echó pestes, aseguraba que le habían robado, escamoteado, que era el peor disco que nunca había oído… Que las canciones no estaban acabadas… A partir de ahí hubo un deterioro de relaciones con la discográfica, que ya nunca se enderezaría del todo. Pese al berrinche, The La’s se empezaron a mover, fueron reclamados en los USA, su canción trepó en las listas y no tardarían en llegar versiones de ella… Para los nuevos grupos, The La’s –aunque las noticias, debido a lo que ocurrió después, nos extrañen tanto- era el grupo perfecto: Liam Gallagher hablaba de Lee como su primer ídolo vivo, incluso su actitud en un escenario hoy, parece calcada de la de Lee. Pero éste, ya entonces, empezaba a dar preocupantes síntomas de que algo no iba bien. Movía exageradamente la cabeza, cada vez más, al cantar; padecía comportamientos extraños; no tardó en decirse que “There she goes”, en lugar de a una chica, estaba dedicada a la heroína “running thru my veins…”, causa de la dependencia en la que ya andaba metido. …Finalmente una noche de 1992, en un concierto en un teatro de Manchester, y en el medio de una canción, Lee se quedó parado, mirando fijamente a la lámpara de araña que colgaba en el centro del lugar. Creía haber detectado un micrófono oculto que su compañía le había puesto, para sacarles un disco en directo. Entonces, salió del escenario, y ya no volvió más.

Desde entonces, The La’s quedaron como una empresa bruscamente detenida en el tiempo: el grupo se acabó, sus componentes se buscaron otros proyectos, y Lee quedó absorbido en una suerte de Limbo, en medio de sus problemas con la heroína, aparentemente retirado en lo que él llamaba su “perfecta vida familiar”, lo único junto a la música que ya le importaba, viviendo modestamente en un anónimo barrio de Liverpool con su mujer y su hijo. Muchas fueron las ofertas que le llegaron para volver a componer, para volver a la música: todas las rechazó. Se dice, se decía, que Lee seguía grabando y grabando, dándole eternamente vueltas para encontrarle la perfección a la ya perfecta canción, “There she goes”. Otros, aseguraban que había compuesto “decenas de canciones más, todas perfectas, impresionantes”, pero nunca estaban preparadas para salir a la luz. Que se las había tocado y habían quedado deslumbrados, pero era un espectáculo sólo para “iniciados”. En sus escasas apariciones públicas, Mavers aparecía como desconcertado, perdido. Ligeramente deteriorado, aunque extrañamente también, con ese eterno aspecto juvenil, del perfecto rocker de los 60 con su flequillo y su actitud desafiante que había sido siempre… Ha seguido viviendo de los Royalties de TSG, convertida luego en éxito por otros grupos, y finalmente, en 2002, se volvió a reunir en una noche con su viejo compañero de “The La’s”, para dar una serie de actuaciones. Pero ya nunca nada ha vuelto a ser lo mismo. Decía un importante promotor de conciertos de USA “he visto a cientos, miles de bandas tocar en directo en mi vida. Pero nunca ninguna me dejó una impresión como The La’s en los 90”. ¿Dónde está ahora Lee? Nadie lo sabe. Ni ahora, ni hace cinco años, ni hace diez… Parece alguien introducido en un mundo propio, un mundo mágico, donde oye las canciones, la música –como dijo alguna vez- dentro de su cabeza, de una forma que le resulta imposible reproducir al exterior. Dándoles mil vueltas para sacarles ese ideal sonido interior. Un limbo del que no puede salir, del que ya es tarde para escapar: “Gimme one last kiss/ before i get out of this”…

Hasta aquí, más o menos, la historia de Lee.


LO MÁGICO Y LO REAL

“Una canción que es sólo estribillo”, ha dicho alguien de “There she goes”. Estribillo-puente- estribillo-estribillo–puente-estribillo, ¿la estructura perfecta? ¿Es la estructura perfecta de algo, un lugar del que no se puede salir? ¿Necesita la vida de sus imperfecciones y errores, para poder ser vivida? …Una vez un amigo mío, mientras trabajábamos juntos, empezó a poner una canción en el reproductor que se repetía una vez y otra, y otra…como en un bucle, y la verdad es que entonces me dió miedo. Pues bien, yo, ahora, he hecho lo mismo con TSG. Alguien dijo también: “ojalá no hubiera escuchado nunca esta canción. Ahora es peor”.

…Ese sentimiento fatalista que está presente en lo “mágico”, es lo que temo que nos puede llega a atrapar. “Una casa de la que ya no le es posible salir”, han dicho de Mavers: su estructura perfecta de canción, a la que seguir dando vueltas y vueltas. En el video del tema, los chavales salen, como en fugaces imágenes, cantando por las calles de su ciudad. Pues bien. Es como si hubieran quedado atrapados ahí: en ese instante, en ese brillo mágico. En el momento de esplendor. (Curiosamente, la canción no llega al final en el youtube…)

…Sin embargo, lo mágico, a parte de todas las problemáticas que conlleva, de lo deslumbrante que contiene dentro, también tiene su lado oscuro. Su precio que pagar. Un precio que se va acumulando en un crédito con la Vida. Un crédito cada vez mayor y mayor. De ahí los casos de tantos que no han podido volver…

…Y yo también conozco esa sensación en que cualquier cosa ínfima se convierte en barrera insalvable, y luego, de repente, todo se hace extremadamente fácil…

Por ejemplo a veces vas andando por la calle, inmerso en tus propia fantasías, en una cancioncilla que vas cantando y un mundo como ensoñado al que vas dando vueltas… y de repente un frenazo en un paso de cebra te despierta. Te devuelve a “lo real”.

…Yo lo que creo es que la diferencia entre lo “mágico” y lo “real”, está en que en el mundo de lo mágico, uno nunca se repone del todo de aquello que se ha perdido. Se queda dándole vueltas y vueltas, volviendo eternamente al lugar en que algo se hubo perdido, enganchado a esa nostalgia, sin ninguna intención de siquiera volver a mirar adelante, y soñar que aquello de atrás se pueda olvidar. Se pueda superar. En cambio, en la vida “real”, se producen pérdidas, fallos, errores, continuamente, y el asunto, la clave, está en que esas pérdidas se superan continuamente, se olvidan y la vida siempre sigue, con su ritmo infernal. Aquél que se queda estancado en algo que no supera, queda deshechado para la Vida, que siempre nace y muere y a la tragedia contrapone el resurgimiento…

Así pues, la historia de Lee tiene que ver con cierta obsesión con la música, con las canciones, una obsesión que de pronto desaparece, y se convierte en algo malsano. Como dicen, la música abre puertas de la Ilusión, que ya no es posible cerrar… En todo caso, el hizo con TSG, y 2:45 segundos de canción, algo mejor, que lo que la mayoría de la gente llega a hacer con sus vidas enteras.

Y para acabar, como dijo aún alguien más, “la vida ha ido siendo peor y peor/ pero la música no ha dejado de ser maravillosa”. O algo así.

“…Por allí va ella
Por ahí va ella de nuevo
-Como corriendo por mis venas-
Y ya no puedo detener más
Esa sensación, que sigue y sigue…”


miércoles, 4 de julio de 2007

CRUZAR LA CALLE


El Otro día iba caminando con una amiga, andábamos desde algún sitio dirigiéndonos a otro lugar (como suele hacerse), -en realidad íbamos desde un piso, hacia las cercanas (y no-gays) fiestas del barrio- y de pronto se me ocurrió decir una chorrada: “joder, llevamos toda la tarde no haciendo otra cosa que cruzar calles”… Y era verdad. Cuán frecuentemente, cuando se camina, hay que ponerse a cruzar al otro lado. Y qué pocas veces es posible hacerlo por los sitios adecuados. (Y otras veces, además, resulta tan difícil…)

…El caso es que ayer mismo, de nuevo cruzando o a punto de hacerlo, me acordé del tema, y se me vino a la mente la filosofada que algún día me soltó alguien que no recuerdo, y que era algo así como “en la vida, siempre hay un momento límite en el que hay que decidir, en el que uno se encuentra totalmente en el alambre”, aproximadamente. En fin, no lo recuerdo muy bien tal cuál era, pero se me ocurrió pensar que esos vertiginosos momentos en que uno se encuentra en el alambre, son exactamente iguales a un instante que ocurre cuando andas cruzando una calle: y es ese momento en que estás en el medio, has pasado confiadamente y casi sobrado una calzada, y entonces, allá en la mitad, tienes que girar la cabeza hacia el otro lado para mirar si no viene nadie tampoco por allí. En ese mínimo instante, creo, estás completamente en el alambre, a disposición del azar; vendido por unas décimas de segundo. Es como esas decisiones –esas situaciones- que hay que tomar a veces en la vida, en que te encuentras por un segundo en el alambre, sin asidero. En un instante, de pronto, sin esperártelo, estás vendido.


Es muy probable que al segundo siguiente, hayas ya vuelto la cabeza, y comprobado que sí, que puedes pasar: que ha sido sencillo jugártela. Eres el rey del mambo, de la calle entera, miras a todos como diciendo “sí, estoy cruzando mal, ¿y qué?”, o tal vez miras a tu alrededor diciendo “buah, esta decisión que parecía tan difícil…” …; pero un instante antes, allá en medio, no estabas tan crecido, amigo; que lo sé yo.


…Recuerdo por cierto, que una vez un viejo profesor de gimnasia mío del colegio nos dijo algo que tenía relación con todo esto: era algo sobre la forma en que la mente se hace sus cálculos, por ejemplo al cruzar la calle, sobre la distancia y sobre si realmente nos va a dar tiempo a pasar en el intervalo de tiempo que tenemos. Es un cálculo cuasi impulsivo, de meras décimas de segundo, pero… no recuerdo ahora bien qué era en concreto el concepto de lo que contaba él, pero es una de esas cosas que se me han quedado grabadas (tal vez porque cruzo mucho, y mal). Es curioso, porque no recuerdo muchas cosas de los otros profesores, pero sí de aquél cascarrabias de Educación Física. El buen tipo…


Pues bien. Con esta costumbre que tengo yo de relacionar cosas sin venir mucho a cuento, estaba pensando hoy mismo sobre otra costumbre mía, y misteriosamente la relacioné con todo esto. Verán: cuando hay que ir a un bar a pedir un café o algo de desayunar… a veces tengo la manía de preguntar sobre tal o cuál cosa al camarero… Tal vez sólo hago tiempo mientras me decido, y sin embargo la gente a veces cree que me burlo y pregunto sobre algo, para luego pedir otra cosa: no es eso. ( ) Ese es el instante en el alambre, el cuál a lo mejor no les importuna a ellos en un bar (no les parece tan difícil la decisión a tomar) pero estoy seguro de que sí les ocurre en otros sitios. Hay una canción de LLoyd Cole que me recuerda un poco a todo esto. Y dice “pareces feliz como un recién nacido / ya no te importa nadie / seguro de tu decisión/ estás enamorado…” bla bla bla, pero luego le espeta: “…pero estás preparado para que te rompan el corazón?”. Pues eso: mientras todo va bien, los buenos tiempos, dispones de la circunstancia a tu favor,…, todo parece de color de rosa… Pero, ¿qué ocurre cuando llega lo incontrolable, el momento en que no podrás decidir? “…but, are you ready to be heartbroken?”



… Y hablando de cruzar calles, de momentos inesperados, me viene a la mente (y con esta última asociación acabo) aquél día en que, distraídamente, me puse a cruzar una calle,…, y me atropelló un AUTOBÚS (…)


miércoles, 27 de junio de 2007

LA "TÍPICA" ...MADRILEÑA

Tenía que llegar. Muchos lo sabíais. Y yo lo sabía...

No es que piense que esto que sigue se cumpla del todo -ni mucho menos, ni en todos los casos. Pero sí puede caraterizar a un buen 40 % de población femenino-capitalina (toma cursilada). Invito a los/las que quieran, a responder con un top-ten del "madrileño". Y el que quiera añadir...


LA - típica- MADRILEÑA


La madrileña está frustrada de por sí porque no le salió la Oposición a la que se presentó.


La madrileña, cuando entra a un vagón de metro, le gustaría que le mirara el tío bueno del asiento, pero sólo llama la atención al abuelo de su lado.


La madrileña aún no ha superado su primera menstruación. De ahí el rictus de su cara.


La madrileña es inasequible a cualquier acto imprevisible o inesperado.


Los temas favoritos de conversación de la madrileña son: las condiciones de la Oposición a la que se quiere presentar, (los tíos), las condiciones del trabajo de su amiga que se quiere ir, (los tíos), el programa de Gran Hermano de la noche anterior, y los tíos. Y a parte de estos, no hay más temas.


La mayor ilusión imaginable en la vida para una madrileña, es sacarse una Oposición.


La madrileña dedica todo su tiempo libre a ir de compras e intentar encontrarse guapa, pero pone cara de asco si la miras por la calle.


Para la madrileña, los tíos que la entran en la discoteca la acosan o son unos pesados despreciables –excepto si el tío en cuestión está bueno.


El problema del punto anterior es que esa circunstancia no suele darse (el que un “tío bueno” entre a una madrileña).


A la madrileña le gustaría que le entrase justo el tío que no la entra nunca en una discoteca.


Si le preguntas por una dirección a una madrileña creerá que intentas ligar (aparte de que no sabrá dártela). Si le preguntas la hora a una madrileña creerá que intentas ligar. Si le pides que te deje pasar a una madrileña creerá que intentas ligar. Si le dices que se le ha caído algo a una madrileña, creerá que intentas ligar. Si te diriges a una madrileña, creerá que intentas ligar. (Lo más probable es que si el madrileño hace cualquier cosa de las anteriores, en realidad esté intentando ligar)


Para la madrileña, todos los “tíos” son despreciables, con la excepción de sus amigos, y los homosexuales. Ah, y los que están “buenos”.


La madrileña puede darte la coña de forma inasequible durante horas sobre lo “cabrón” que es su novio, si eres su amiga y estás dispuesta a escuchar.


Explicación a lo anterior: la madrileña tiene una habilidad especial para salir con novios “cabrones”.


La madrileña puede estar sentada haciendo un trabajo rutinario en una silla durante horas sin cansarse, pero para ella caminar 200 m hasta algún sitio es un martirio imposible de imaginar.


La madrileña se pasa la vida imaginando y fantaseando con el tío ideal que querría que fuera su novio, pero acaba saliendo con el típico pesado pelota rastrero que le sigue la corriente y le aguanta todo, sólo por ligársela. Y (ella) lo utiliza.


La madrileña desprecia a los inmigrantes, particularmente los latinos, que imprudentemente la piropean por la calle. Sin embargo, al madrileño, las latinas que vienen a España le parecen de puta madre (si están buenas).


La madrileña hace recuento al llegar a un sitio y encontrar quién le escuche, de los tíos que cree que la han mirado, se le han insinuado, o imagina que la han piropeado por el camino. Ahora, la autenticidad de esas historias luego resulta más que sospechosa.


La madrileña se considera autorizada a hablarle de tú a todo Dios.


La madrileña tiene una habilidad especial para detectar a las personas a las que se puede manipular, y otra gran habilidad para poner en práctica esa manipulación.


La madrileña no entra en la consideración de que cuando dos personas quieren pasar por una puerta a la vez, una debe cederle el paso a la otra. O de que cuando se camina por la calle y ella se cruza, es posible que interrumpa el paso de otra persona. O de que para entrar en un vagón de metro, aunque ella sea tía, se debe dejar salir primero. Incluso se considera autorizada a quejarse ostentosamente si no ha podido entrar antes. Y si tropieza contigo por algo de todo esto, pensará que intentas ligar.


La madrileña es una gran defensora de la igualdad entre sexos, pero aspira a mantener los privilegios del suyo como son: el nunca llevar la iniciativa, el dejarse llevar, el considerar que se deben tener más atenciones hacia ella por ser chica, el considerar que siempre le van a ceder el paso o el lugar por todo lo expuesto en el punto anterior, etc.


La madrileña tiene gran habilidad para detectar los asientos libres y ocuparlos, sea en el metro, en una cafetería, biblioteca, etc.


La madrileña cuando sale por la noche se siente una princesa, y cuando se levanta por la mañana se encuentra de nuevo miserable.


La madrileña sale por la noche y va anotando para su propio ego todos los tíos a los que ha rechazado o despreciado, para volverse a su casa infaliblemente sóla, y hacerse quién sabe qué.


La madrileña acarrea el muy antiguo complejo de que, si sonríe o es simpática o habla con algún desconocido, luego la podrán llamar “fulana”.


La madrileña tiene una tendencia a definirse lo primero a sí misma como “sincera”, y luego se suele comprobar que es el ser más mentiroso desde que nació Eva. La madrileña tiende a calificarse a sí misma de “especial”, y luego se comprueba que es más vulgar que una fregona Vileda.


La madrileña cuenta con unas habilidades naturales para llegar a ser falsa y mandona. Algunos síntomas exteriores de esto son: ser pequeñita, morena, tener la voz muy suave o fina (en apariencia), aparecer como extraordinariamente amable sin venir a cuento o por interés, usar un tuno de voz meloso o que suene forzadamente amable.


La típica madrileña se parece mucho con sus semejantes madrileñas (véase las condiciones descritas en el punto anterior), y vistas de lejos se podrían parecer a las chinas: bajitas, morenas, poquita cosa, y con el pelo todas igual.


La madrileña suele despreciar a la gente de campo y a los de provincias, aunque sus padres habitualmente son de Horcajo de la Sierra o de la provincia de Logroño.


La madrileña desarrolla una aversión a entrar en los bares típicos o “de abuelos”, y una atracción irrefrenable a entrar en las tiendas tipo “Blanco”, Zara, etc… A no ser que el mencionado bar sea considerado Fashion, o de La Latina.


Si te encuentras a una madrileña caminando por la calle, lo más seguro es que esté andando desde el último Zara, hasta el próximo “Blanco”.


A la madrileña no le interesa de principio cualquier cosa nueva o desconocida que le pueda resultar “extraña”, a no ser que sus amigos le hayan dicho que es algo “fashion”.


A la madrileña no se le conocen intereses culturales, hobbys, o aficiones propias, más allá de depilarse y ver la tele.


Aún no se conoce el caso de una madrileña que llevara en su coche a su novio a su casa.


Encontrar a madrileñas en tiendas de discos, sitios de prensa o libros, bares con buena música o no de pachangeo, es como encontrar a una especie en vías de extinción.


La madrileña no es muy aficionada a la investigación, la motivación por intereses culturales o temas de darle al coco, sin embargo si les dices algo sin importancia podrán darle veinte vueltas hasta encontrarle el significado “oculto”.


La madrileña tiene una gran habilidad para utilizar el teléfono de su lugar de trabajo, para asuntos “personales”. Que siempre suelen ser el hablar con una miga sobre lo malas que son sus condiciones de trabajo.

jueves, 21 de junio de 2007

IL REDENTORE

"... Te dije “¿qué es peor, vivir sin certidumbres
o esperar que tu fabulado mundo se derrumbe?”
Tú sólo sonreíste, y miraste hacia el fondo
del canal.

Donde tú veías palacios venecianos, yo sólo
adivinaba la presencia del /cercano mar

Sólo podía no olvidar
una única imagen/ en mi cabeza: aquella silueta blanca
surgiendo tras de las azotadas aguas
como buque desamparado, zozobrante entre
la indecisión general,
“El Redentor”

Recuerdo que te había advertido, que aquél estrecho
brazo de mar,
ya lo había conocido yo de mucho antes, concretamente
una lejana tarde, en las oscuras aulas, del pasado;
en que lo había ilusionado en aquél cerrado
escolar

y, cómo bien te dije, entonces: “uno siempre vuelve
a los lugares en que, antes,
ha estado”; tú no advertiste que murmuraba
“…este lugar, lo conozco”

“Pero no es mi fabulado mundo, sino el que todos
ven, menos, tal vez, tú”. “O algún otro, que conozco,
quizás”. No tenía respuestas para aquello.
O tal vez simplemente había agotado
mi arsenal de palabras; y ya no quería decir
ni una más.
Extrañamente, sólo me quedé mirando yo, ahora;
volviéndome, hacia el mar; fantaseando con la amplia línea,
imaginando el azorado barco, surgiendo,
sacudido entre las olas,
zozobrante ante la indecisión general…"