lunes, 9 de febrero de 2009

un mal día (VI)


…Marqué su móvil, pero no contestó. ¿Estaría trabajando? ...Así que decidí acercarme hasta la tienda en que creía recordar que me dijo que curraba, y me asomé. Sólo conocía a Sara por alguna foto, y allí dentro había varias chicas jóvenes. Me fijé en una pelirroja que estaba doblando un jersey, y recuerdo que me quedé fascinado de lo bien que lo hacía: le quedó perfecto. Yo nunca conseguí doblar uno de mis jerseys en unas mínimas condiciones, como me decía mi madre… De dentro salía una musiquilla... cómo diría, una música como muy envolvente, uno de esos éxitos de FM, pero que resultan especialmente hipnóticos… Me quedé un segundo abstraído mirando, hasta que la pelirroja de rizos me devolvió la mirada. …Como no sabía muy bien cuál era Sara, si es que alguna era, saqué rápido el móvil, y me puse a hacer que hablaba mientras miraba. Hasta que al cabo de un poco comprendí que aquello era bastante estúpido.

Haciendo acopio de valor, me acerqué a la pelirroja de los rizos, que aún estaba cerca, y le pregunté por Sara.

- Sí, trabaja aquí… ¿quién eres?
- Soy Samuel, un amigo… ¿le puedes decir que salga un momento?
- Es aquella.
- …Sí –un gesto de nerviosismo bastante tonto debió de dibujarse en mi cara- ¿le puedes decir que estoy aquí por favor?

Debió de pensar que por qué no se lo decía yo mismo, pero al fin se acercó hacia ella, mientras yo me volvía, de nuevo bastante nervioso. ¿Se acordaría de mí? Tampoco habíamos intimado tanto, y hacía tiempo que no hablábamos. Por otra parte, con los tiempos que corren, pensé, no debe de ser muy encantador el que un desconocido se acerque a una tienda a decirle a una dependienta que salga. Pero Sara apareció, con lo que todos mis pensamientos sobraban. Y dijo:

- Hola.
- Hola.
- ¿Eres Samuel?
- Sí. ¿…Sabes quién soy entonces?

Sólo sonrió, dando a entenderme que sí, pensé.

-Claro… Vaya un momento para decidirte a pasar, ¿no?
- Pues… seguro que te pillo un poco mal… ¿no?
- …No hombre no…

Buscó en el bolso que apresuradamente había agarrado, y sacó un cigarro, mientras me miró de nuevo curiosa.

- ¡Vaya! Eres bastante guapo en persona.
- ¿Sí?
- Sí. Eres mono. –se encendió el pitillo.
- Tú tampoco estás mal… -yo empezaba a mirar para todos los lados posibles.
- …La verdad es que no esperaba que fueras así –dijo, después de dar una calada- Una se espera que los tíos con los que se cartea… bueno, que estás acostumbrada a que sean de otro tipo.
- ¿De otro tipo… menos ‘normal?
- …Llámalo así si quieres –le daba una gracia especial su forma de hablar con el pitillo en la boca. Tenía un punto… descarado.
- …Así que es aquí donde trabajas. –la verdad es que no sabía muy bien qué decirle.
- Qué te parece. Aquí nos tienen, como esclavas.
- Hombre,…no está en mal lugar.
- …Psé, eso sí… -volvía a dar otra calada, y giraba un poco la cabeza cuando exhalaba el humo. Luego me solía mirar. Estaba apoyada contra el muro.
- Venía pensando cuando miraba antes… que me fascina vuestra forma de doblar la ropa. …tú, ¿la doblas también?
- …Hombre, de vez en cuando toca, sé…
- Me fascina, en serio, la perfección con que queda doblada. Yo… soy absolutamente incapaz de doblar un jersey. Siempre me queda mal: una manga por fuera, o queda abultado… –me había vuelto a mirar hacia dentro, fascinado por la luz y la ropa perfectamente colocada… y las compañeras que nos miraban entretenidas.
- ¿Sí? …Bueno, no me dirás que nos vamos a pasar la noche hablando de ropa doblada…
- Je… oye, no sé, pero imagino que estarías ocupada. Sólo se me ocurrió pasarme a saludar, pero…
- Oye tío, que ya es hora de que te hubieras pasado, ¿eh? …Que por aquí pasa todo el mundo, lo quiera o no…
- Pues sí, pero he andado inmerso en unas cuestiones, que me han tenido… no sé, como apartado de todo. Muy liado. –dije, algo nervioso.
- …Ya… ¡ja, ja!

Le arquée las cejas, como toda respuesta.

- Bueno, pero ya está. Te has pasado al fin.
- Sí. Lástima que ya no sea fecha para tomarnos ese helado que teníamos previsto en el Vitamina…
- ¡Ah, sí! Ja, ja… ya no es fecha, no.
- …Aunque si quieres, nos lo podemos tomar igual.
- ¿Sí? Ja, ja, creo que mejor que no… que luego cogemos dolor de garganta.
- ¡…Sí! Jeje… –

Creía que nos habíamos dicho algo de eso por carta. Digamos que prefería pensar eso. La verdad es que yo andaba esperando más que nada, que se acabara el pitillo y le tocase volver a entrar, pero parecía que la chica no terminaba de zanjar con ello.

- ¿Sabes? –me dijo- Me escribía mucha gente, pero tus cartas… no sé, me gustaron. Si no, no te hubiera dado bola.
- ¿Ah no? Vaya, vaya…
- ¡No! Ja ja… en serio. Me gustaron. Me decían algo. No así como las de los otros chicos, que se notaba que estaban… forzando un rollo, para conocerte, y luego ya sabes…
- Vaya por dios, ¿sí? Jaja, no te creo, mujer. No serían tan ‘malvados’…
- ¡Sí sí, que te lo digo yo! – me hizo un guiño y nos reímos un poco más. No era del todo forzado.- Eran malvados… -dijo mirando de nuevo al suelo.
- ¿…Y qué te hace pensar que las mías no iban con la misma intención?

Sonrió, como pícaramente. Hay que reconocer que su sonrisa tenía cierta gracia.

- Bueno, las tuyas tampoco estaban mal. -le dije- Tenían su… ‘encanto’.
- ¿…Sí?-se le iluminaron un poco los ojos.
- ¡Claro! …Si no, no te hubiera dado bola…
- ¡Jaja! Anda anda…-y me dio en el brazo.
- …Bueno, me imagino que tendrás que meterte, ¿no? –observaba ya el cigarro consumido en su mano. Las compañeras dentro seguían la jugada divertidas.
- …Pues la verdad… es que ahora podía tomarme un descansito.
- ¿Sí? ¿A qué hora acabáis?
- A las 11, tío… -me lo dijo como si se le cayera el mundo encima pensándolo.
- Joder, qué tarde. –hizo un gesto con los labios, como de decir ‘sí, pero es lo que toca’. Le dije: - Oye, pues yo ahora iba a irme al Vitamina a pedirme un helado… Si te quieres venir…
- Ja, ja –ahora lo dijo con desgana- Anda… Espera. Si me esperas que entro un momento a por la chaqueta, damos un paseo por la Gran Vía…

Me saqué la chaqueta de los hombros, y se la enseñé.

- Esto sería un poco más como de película, ¿no? Pero abriga igual. –se le ocurrió decir a mi torpe cabeza…

…Pero sorprendentemente tomó la chaqueta, les hizo un gesto a sus compañeras, y echamos a andar, por la Gran Vía abajo. Me fijé en el cielo, que aún estaba claro, como esa claridad última en que el blanco del horizonte se hace más y más intenso. Había más nubes que antes, y ví volar a algunos pájaros, cuando inesperadamente –para mí- noté que Sara me había agarrado del brazo. Caminábamos ya cuesta abajo, hacia Plaza de España y la parte del río.

- …Anda que… hijo, vayas horas que has encontrado para pasarte ¿no?
- ¿Qué les pasa? Están bien… ¿no? A mí me parece que es una bonita hora.
- No, si sí es bonita pero… una a estas horas ya está cansada.
- Me imagino… ¿Qué pasas, mucho tiempo de pié?
- Puf… unas ocho horas… ¿qué te parece?
- Demasiado.
- Eso los tíos no sabéis lo que es.
- ...Ni eso, ni parir –musité.

…Normalmente, a lo mejor le envidio a alguno que veo, por la chica que lleva al lado (en plan de ‘qué hará esta tía con el gilipolla este’) pero esta tarde no, esta tarde, bajando con Sara inesperadamente agarrada de mi brazo, me sentía tan cansado, y al mismo tiempo tan (felizmente) liberado de pasiones, que miraba a los chavales, la parejas de chavales, -que en una noche de miércoles como aquella se arremolinaban, yendo y viniendo, cruzándose, gesticulando, en el frente de los cines-, con una suerte de compasión, una especie de sentimiento (ilusorio, imagino) como de interiormente comprenderlos (cuando otras veces es justo al contrario)… no sé; se me hacían ‘simpáticos’;

Había jarana, como decía antes, delante de los Cines Rex, y en general de todos los de la Gran Vía abajo cuando caminaba por allí con Sara, y yo me sentí irresponsablemente feliz entre esa cierta marabunta, quizás precisamente por estar tan cansado…Aquello me parecía gracioso. Pensé que yo también,… posiblemente, a la vuelta de cualquier día, podría estar por allí en medio con mi pareja como ellos, por entre los cines, cenando en cualquier destartalada cafetería o bar, el Nebraska por ejemplo. Cuando pasábamos por delante precisamente, Sarah me dijo:

- Se te ve muy despreocupado… ¿en qué piensas? …Te hacía una persona… más... responsable…no sé...
- No se lo digas a nadie, pero… creo que me han despedido del trabajo, hace un rato sólo, aunque no estoy completamente seguro…-esto lo dije con una mezcla de congoja y liberación.
- ¿Sí? –se paró en seco- Pero tío… ¿y eso? ¿…Cómo ha sido?- …Perdona… –la miré un segundo serio- …pero… es que hoy estoy muy espeso. –le sonreí- No me apetece hablar de eso.

sábado, 24 de enero de 2009

UN MAL DÍA (III)


A eso de las 2 o 2 y cuarto –o así- me senté al fin en un banco del parque, cerca de la mencionada ‘rotonda secreta’, por si Carla aparecía. Pero Carla no aparecía. …A veces -por cierto- que me gusta observar a la gente, e inmediatamente se me viene el compararles con algún animal –porque realmente no me creo demasiado esas historias que nos consideran a los humanos como seres especiales, dueños de su destino, y todas esas chorradas…-. Miro a tal o cuál persona, y si me abstraigo lo suficiente de la conversación –lo cuál no me resulta difícil- me sobrecoge la impresión de estar hablando con un búho que abre mucho los ojos, o que tal chica que se enrosca los cabellos en el dedo mientras conversa, fuera una suerte de perrita presumida de esas que llevan cursimente algunas señoras por la calle…

…Así que estaba sentado en aquél banco a mediodía, con el sol dándome a intervalos en la cara, y me puse a observar a un grupo de chavalotes reunidos allí cerca, con lo que inevitablemente se me pasó por la cabeza la imagen de esas “pandillas” de animales jóvenes que, dentro de la jerarquía de su grupo, juegan y se provocan de una forma algo inconsciente, con la finalidad –tal vez desconocida para ellos- de ir desarrollando sus aún torpes habilidades, y de paso atraer de forma tosca e ingenua a las hembras jóvenes que merodeen cerca. Un grupo de hembras jóvenes de humano merodeaban cerca de allí, y no evité el observar como indiscretamente lanzaban sus miradas, sentadas en un banco mientras tal vez enredaban sus cabellos en los dedos, u otras veces quizá hablaban entre ellas –no llegaba a oírlas- ensimismadas (si eso es posible) sobre sus graves problemas de adolescencia, del chico x que es un cabrón, o del padre “y” que les está amargando la existencia, etc. (imaginé). Saqué mi sándwich porque la hora se iba pasando definitivamente, y se me pasó por la cabeza que, inevitablemente, esas chicas tenderían a elegir al tipo que consideren el macho dominante –osea, el más chulo y cabrón de todos- en la medida de sus posibilidades, igual que hacían sus tatata…rabuelas-mono hará unos 2.000.000 de años, …, y las que sean menos hembra-dominante irán viendo pasar la vida y las oportunidades hasta que tengan que aferrarse al macho “y” que haya quedado libre… …Esas ideas absurdas se me pasaban por la cabeza mientras terminaba mi escueto ‘sándwich doble’…

Después de un rato de estar así, cuando había acabado el sándwich, con el viento y el poco solecito de entonces dándome en la cara, encontré que el banco no era tan mal lugar para estar… lo empezaba a encontrar cómodo. Y me tumbé. …Me había empezado a distraer de los gritos a intervalos histéricos de las chavalas, y de las risotadas de los chavales, y oía vagamente a niños jugando en otra parte del parque, cuando cerré los ojos…

“…Había entrado en una zona del parque que me era extrañamente familiar, pero a la vez no era exactamente conocida. Era una zona remota, más aún de adónde había llegado por la mañana, tras de una verja metálica negra y con muchas hojas por el suelo… Brillaba el sol entre nubes, y observé de pronto que era una zona al parecer utilizada por muchos de los gatos del parque para dormir sus siestas. “Dios, cómo me gusta a mí, igual que a ellos, la siesta. Qué bien sienta’ –pensé. ‘Estos animales son muy listos. Saben lo que es vida’. Sin embargo caí en que era raro, porque me parecía que era una hora algo así como del mediodía…

Algo más lejos, había un gato muy particular, muy rubio, completamente enroscado entre unas hojas, y tras de otra verja a su vez. Estaba allí expuesto, parecía, como para que lo viera la gente. Así que me acerqué y lo miré. ‘¡Ey!’ le dije, para que se moviera o hiciera algo, porque me parecía lo propio. Ante mi sorpresa, al poco, como consciente de que seguía yo allí expectante y no me iba, me habló:

- …No, si ya sabía yo que no tardarían en volver a dar la pajarraca…
- ¡Vaya! ¿Puedes hablar?
- …No hay manera de echarse la siesta ‘matutina’ sin que cada poco venga uno a darla…
- Je, ¿puedes hablar, o es que tal vez soy yo el que te leo los pensamientos?
- …No sé, tú sabrás. Respóndete tú mismo- me dijo, sin perder su postura extrañamente enroscada, con la cabeza inclinada hacia atrás y arriba, con lo que sólo le veía los colmillos y levemente las pupilas- ¿…no decías hace un rato que los hombres te parecen animales, y tal vez los animales se comportan a veces como humanos?
- …No, eso último no lo había dicho. …Pero es cierto que a veces lo pienso…
- Bueno, bueno… Ay, por dios…
- Debo de estar soñando, porque esta escena… no sé si la he visto en alguna película…
- …Tú sabrás…
- Oye… ¿qué especie de gato eres? Pareces uno muy grande... y raro. No había visto nunca uno igual.
- …Soy un león… y te voy a comer: ¡groar! –y movió levemente la cabeza, como intentando impresionar, pero sin perder para nada en definitiva el aire perezoso.
- Ja, ja… Vaya… me recuerdas mucho a un gato que conozco, ¿sabes? Uno que viene por mi casa y le damos de comer. Eres clavado clavado, así tan rubio y con esa cara redonda.
- ¿Ah sí? Vaya, qué ilusión
- …Oye, haz algo. Si estás aquí expuesto, será para que te veamos, y porque puedes hacer algo especial, ¿no?
- Sí hombre, ahora. No le parece suficiente con interrumpirme mi siesta, mi sagrada siesta de media mañana, sino que además viene a exigirme que le haga monerías…
- Vamos, gato. Algo harás. No tengo mucho tiempo, he de irme pronto a entregar una cosa y…
- volvió súbitamente la cabeza y miró con sus ojos grandes y redondos -¿…no te parece suficiente con hablar?”

Un golpe de aire me despertó y me sentí agitado (en el banco). Me incorporé, viendo las blancas nubes moverse aún en el cielo lentamente, y al incorporarme observé a un tipo con gafas de sol girarse aún borrosamente no muy lejos, como marchándose. Me volví a mirar y el grupo de chicos ya se había ido, pero aún quedaban un par de chavalas hablando animadamente en su banco. Serían algo así como las tres de la tarde. Me sentí por primera vez realmente cansado, y profundamente somnoliento…

miércoles, 21 de enero de 2009

Nightswimming (y II)


(...)
Al poco me fijé que había un chaval sentado, algo delante de mí, en el talud de pradera que caía sobre la zona de el ‘acto’. Como yo, se mantenía distante, y parecía hacerlo adrede, con algún motivo,… el no estar del todo inmiscuido entre la otra gente y el público, sino que... semejaba estar a una distancia,…, con la distancia suficiente como para poder verlo todo, pero no poder decirse que estaba dentro. Era uno de estos chavales sudamericanos, morenito, y llevaba puesta una camiseta del Atleti. Con sus dos manos agarraba un balón.


- Estos actos es mejor verlos desde la retaguardia… ¿verdad? –le dije. Me miró como sin comprender, y volvió la cabeza de nuevo hacia el acto. Estaba más atento de lo que creía.


- ¿Qué… qué es? ¿Sabes… qué celebran?
- Es el día del soldado caído.
- ¿Ah sí? Vaya… ¿de qué país?
- …Del Ecuador–dijo, con una rotundidad y orgullo que me resultaron chocantes, para un niño de su edad.
- Y qué, viniste invitado, pero te has escabullido un rato… ¿verdad?
- …Prefería mantenerme algo alejado al final… señor.


Lo de ‘señor’ me sorprendió. No me consideraba a mí mismo ni mucho menos un señor, al menos hasta esta tarde. Me senté a su lado, aunque no demasiado cerca.


- …La música es bonita… ¿es una marcha militar, o algo así?
- Es la marcha del día de los caídos, en mi patria.
- ¿…Y tú por qué estás aquí? ¿Te invitaron?
- Mi papá fue uno de los caídos.
- Vaya. Lo-lo siento. Lo siento… de verdad.


Miré el balón por un segundo, y sentí como que mis problemas eran ridículos. Yo mismo, con mis preocupaciones a cuestas, con aquella facha en el parque, preguntándole eso al chaval, me sentí un poco ridículo.


- ¿Te… te gusta el fútbol? Yo también soy del Atleti, ¿sabes?
- Pues… no.
- ¿No te gusta?
- …Que no sabía que fuera del Atleti.
- ¡…Ah!


Había cogido con mis brazos mi rodilla plegada, y miraba complacido pese a todo el espectáculo abajo. Me sentía un poco como en la última fila, de cuando estaba en las clases del cole.


- A ver… ¿se sabe la alineación?-me sorprendió.
- Cuál, ¿la de ahora?
- ¡Claro!
- Uy… yo me las sabía antes… ahora ya me he quedado un poco desfasado. …Futre ya no juega, ¿no? –le dije por provocar.
- ¡Claro que no! ¡Hará… diez años por lo menos que no juega!
- ¿Lo ves? Te lo dije, que me había quedado desfasado.
- Ahora juega Agüero…
- Ah sí, ese es un buen chaval. Pero no tan bueno como era Futre, te lo puedo asegurar…
- ¿…No? ¡Seguro!
- ¿…Te la sabes tú?
- El qué.
- La Alineación.
- Sí
- A ver.
- Leo Franco. –empezó- Perea, Luis, Pablo… -y así siguió, diciéndola toda de carrerilla.
- ¡…Muy bien!
(…)


- Oye, y sigues al Atleti desde que viniste,… o ya eras seguidor en tu país.
- No. Yo allí seguía a un equipo de allí…
- ¿Sí? A cuál.
- Al Barcelona.
- ¿Al Barcelona? ¡Jaja! ¡El Barcelona es de aquí!
- ¡El Barcelona de Guayaquil!
- ¡Ah! Ya, ya… ¡Lo sabía! Lo sabía, sí, claro, lo que pasa es que bromeaba…
- ¡Sí, claro! Jaja...


- …Oye, y dime una cosa… ¿por qué te hiciste del Atleti?
- ¿…Por qué?
- Sí. ¿No te gustaba más el Madrid? El Real Madrid. Suele ser un equipo más conocido, gana más trofeos… no sé.
- Pues… no sé. Mi papá me dijo que me hiciera del Atleti…
- ¿…Tu papá vivió aquí?
- Sí.
- ¿Y luego se fue?
- Sí. …Luego tuvo que irse.


...Abajo en el acto, una cierta autoridad, que me sonaba del Gobierno Regional o algo por el estilo, andaba leyendo un… incierto manifiesto, dando ciertas gracias a los presentes, loando y resumiendo… Yo mientras, me sentía cómodo allí sentado en el último banco de la clase, con otro compañero… renegado como yo, atendiendo a un acto al que además no había sido invitado, (aunque a esas alturas debería haber estado camino de la oficina de Duscer para entregarles el proyecto...). Estaba fuera de lugar, y eso, curiosamente, me divertía.


- …Y dime otra cosa… ¿por qué se hizo tu padre del Atleti? ¿Lo sabes?
- ¿…Por qué le interesa eso tanto?
- ¡Jaja! –me hizo gracia, aunque cuando le miré, él estaba serio. - …Pues… no sé. Era por hablar de algo…
- Pues… decía que le era simpático.
- Tu padre era un tío como dios manda, ¿sabes?
(…)
- ¿Y hoy no tienes cole?
- No. Nos hemos librado! Je, je…
- le miré- ¿Te han dado el balón ahí abajo?
- Sí… -me respondió con un gesto algo triste. Volví la vista de nuevo hacia el tumulto.


…Hermosas y esponjadas nubes blancas se movían en lo alto. Abajo, los árboles y el verde brillaban en medio de la leve música.


- ¿Qué lleva ahí? -me interrumpió el chico.
- ¿Esto? ¡Nada! Una cosa de trabajo.
- ¡…Vaya rollo!
- Pues sí. –no lo sabes tú bien- Yo también me he escapado hoy del cole –y le hice un gesto con las cejas que le hizo sonreír. La verdad es que el chaval era simpático.
- ¡Ja! ¡Usted ya no va al cole!
- Puede ser… pero el trabajo es tan rollo como el cole, ¿no te lo han dicho?
- No…
- Oye, ¿por qué me llamas de usted? ...Somos colegas, ¿vale?-y le puse el puño, para que chocara con el suyo. Dudó un rato, pero al final chocó.


- Ven, Saúl, vámonos.- Llegó diciendo una madre, con aspecto de malas pulgas y desconfianza subida hacia mí. Tiró del crío con energía, y se alejaron a grandes zancadas colina abajo, forzado el muchacho por la madre. Casi al final volvió la cabeza. Yo le gesticulé ‘co-le-gas’…


(Yo) me quedé luego un rato más allí sentado, con mis rodillas agarradas por los brazos, y el traje recién estrenado ensuciándose con la hierba. Soplaba algo de aire que se levantaba, haciendo moverse las hojas de los árboles cercanos, y resultaba agradable, la verdad, difuminando de paso el rumor de la música. …Aquello de la madre, la desconfianza, me dejó un sabor amargo por un poco… me hizo pensar que un tipo como yo, vestido de adulto, o mejor dicho, siendo adulto, podía parecer incluso un peligro para los niños. Era sospechoso que un hombre hablara con un chaval, yo era sospechoso y casi me veía a mí mismo con malos ojos, mientras escuchaba la banda militar tocar las últimas notas de nuevo de aquella conmovedora y algo trágica marcha fúnebre: pam, bom, pam…
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…Caminé de nuevo hacia el estanque, y miré el reloj. Era la una y media pasadas. El sol pegaba igual de fuerte, entre las algodonosas nubes blancas allá arriba (...)

sábado, 17 de enero de 2009

LOST CAUSE

The 25 Most Exquisitely Sad Songs in the Whole World:

...O o que es lo mismo, las 25 canciones más tristes (o más bellas, que es lo mismo) de la historia de la música... y in embargo, la mía no está.

¿Cuál es la tuya?

domingo, 11 de enero de 2009

Nightswimming


...Hacía sol como digo, pero la mañana era algo fresca, cuando caminaba avenida arriba, en dirección al metro. Es curioso porque, recordándolo todo ahora, en comparación, lo veo como un momento extraordinariamente luminoso… será tal vez, por la oscuridad que me envuelve cuando escribo: cuando anoto todo esto, hace tiempo que cayó la noche (y no me he conseguido dormir).

…Cuando llegué al metro, encontré que la línea 10 estaba cortada. “Es fenomenal”, pensé. Cuando tienes los planes perfectamente atados y reatados, muchas veces pasa que llega un soplo -aunque sólo sea- de algo inesperado, y te tira de la tabla, y se va todo al traste (al menos en la cabeza de uno)…

- ¡Qué diablos le pasa la línea 10? –le dije a la repantingada taquillera. Puedo asegurar que tardó cerca de medio minuto en levantar su ocupadísima mirada.
- Está cortada, ¿no lo ve?
- Ya sé que está cortada, le pregunto que qué… cojones ha ocurrido hoy.- esa línea cada dos por tres la cortaban, he de aclarar.
- …No lo sé, señor- me miraba con los ojos forzadamente hacia arriba, por encima de las gafas. Supongo que el peso del autodefinido le impedía levantar la cabeza en condiciones.- Sólo sé que está cortada.
- Pero bueno, ¿es que esta línea está siempre cortada o qué?

No dijo nada. Quizá yo mismo exageraba esta mañana, pero ya llovía sobre mojado, en lo que a mí respecta, sobre esa línea. Cuando no se paraban los trenes un cuarto de hora, no acababan de llegar nunca, y cuando no, directamente la cortaban, como esta mañana. Algo iba mal con esa línea, y conmigo mismo, según empezaba a considerar, después de lo de los taxis, y al encontrarme ahora con esto.

- Pues ya me dirá que hago para ir a Príncipe Pío, porque la Uno, si no me equivoco, sigue de obras… ¿no? Sólo va aquí la cinco, ¿no?
- …Puede usted retroceder hasta Sol, y trasbordar… -hizo el supremo esfuerzo de mirar en un plano- a la Circular. La Circular llega a Príncipe Pío. …Si le gusta –le dio por añadir, al ver mi cara- …y si no le gusta…

Aquello me tocó los cojones. Aquella tipa mascando chicle y en un plan tan impertinente, era algo superior a lo que podía tragar, según el día que llevaba.

- No mire, lo que voy a hacer mejor es poner una queja. Que ya está bien. Dígame usted su nombre por favor.
- Para qué quiere mi nombre.(…) Ponga la queja si quiere, pero a mí no me…
- Lo quiero, para… hacer constar el tipo de trato que tienen ustedes. Dígame.
- Pues muy bien… -y me dijo su nombre. La gente detrás de mí ya se amontonaba; había montado un cierto taco, y los de atrás tampoco estaban muy contentos, pero quién más, quién menos, lo que quería es conseguir su billete o su información, y seguir camino cuanto antes. Que es lo que yo debí haber hecho, por cierto. Porque cuando ya estaba acabando de redactar la queja, me sentí un poco estúpido, a pesar del enfado… Se la dejé a la ‘simpática’ taquillera, y me dí cuenta de que no tenía billete, ni para retroceder hacia Sol, e ir a buscar la “Circular”, ni para nada de nada. Tampoco tenía muchos ánimos para ello, y muchos menos para pedirle a mi ‘amiga’ un billete, así que me dí el piro. ( ) Ahora pienso que, si no me hubiera puesto así, me hubiera evitado todo lo de después.

Salí del Metro que echaba chispas, sin muchas ganas de nada, la verdad. Y miré a mi alrededor.Entonces se me ocurrió una ‘brillante’ idea. Si atravesaba el Parque, tomando un atajo (espacio-temporal, debía de ser por lo menos) podía llegar andando a las oficinas de Duscer en no demasiado tiempo. Como digo, debía de haber perdido la cabeza…

jueves, 11 de septiembre de 2008

UN CUADRO


El tipo que no está en este cuadro, y al que seguramente nunca conoció el pintor (igual que yo nunca llegué a conocer a Juan Gris) salió de su triste cuarto de pensión aquél día, olvidando su sombrero sobre la mesa (o eso creo).

Salió apresurado y olvidó el sombrero, porque alguien le había llamado de algún sitio, al que tenía que ir urgentemente por ver si así tal vez, al fin, pudiera encontrar una salida a su Gris vida. Salió apresurado, y olvidó el triste sombreo, sobre la triste mesa, la cuál, además, era el único mobiliario, junto a una descacharrada cama, que albergaba en su triste cuarto de pensión…

Y sin embargo, él sentía que, en el minúsculo cuarto de pensión de su propio interior, apenas tenía muebles tampoco, más allá de una triste mesa y una descacharrada cama donde a veces (pocas) descansaba su maltrecha conciencia. Y había días, que sentía que su minúsculo cuarto interior, era como una casa de la que alguien había dejado abiertas las puertas y las ventanas (en un día de viento)…

El tipo que salió apresurado de su minúsculo cuarto, justo aquél preciso día en que un pintor, que nunca llegó a conocer, se decidió a ir a buscarlo para –de alguna forma- retratarlo en aquél lugar, tampoco aquél día se acordó de abrir la persiana, y así aquella persiana, como casi siempre, permaneció entornada, dejando pasar sólo leves franjas de tenue luz desde el exterior. Un exterior que el tipo, aquél a quien aquél día decidió retratar el pintor, nunca podía apenas si intuir, tras de las entornadas persianas.

Y así igual el tipo, en su interior, dejaba entornadas las persianas de sus ojos, porque siempre temía que lo que pudiera ver en el exterior, de una forma plena, su maltrecho corazón, apenas lo pudiera soportar.
(por cierto, el pintor pintó otra vez una ventana de un cuarto diferente, un cuarto con la ventana abierta, y la vista de un lejano mar, el cuarto que el tipo había habitado en su muy lejana juventud)

Y salió tan corriendo aquél día, que se dejó olvidado sobre la pobre mesa el periódico, una edición de El Socialista –aunque él no era socialista- aunque pensándolo mejor, era más bien una edición pasada de un periódico viejo, que el tipo nunca había leído… pero tampoco se había atrevido a tirar

Y así el tipo, que salió apresurado tras una llamada de teléfono (un teléfono que el mismo pintor retrató otra vez, hacía mucho mucho tiempo) pensando que debía ir veloz al lugar desde donde tal vez escapar de su triste vida… se perdió la visita del pintor –famoso- que vino a retratarle, y no le encontró, o tal vez sólo encontró su sombra y su recuerdo, (aunque quizás eso sea mucho más que el propio tipo en persona), y el pintor, después de marcharse, sin dejar de anotar en su memoria todo lo que había visto en aquél cuarto, para pintar más tarde su cuadro, se fue silbando aquella cancioncilla

“tenía tanto /que darte/ taantas cosas /
que contaarte /tania tanto amor…”

miércoles, 10 de septiembre de 2008

POR QUÉ TRIUNFA LA ESTUPIDEZ

La estupidez es contagiosa, mientras la inteligencia es intransferible

La estupidez tiende a extenderse, mientras la lucidez tiende a extinguirse

La estupidez es común, mientras que la lucidez es excepción

La estupidez tiende a triunfar, mientras que la lucidez es molesta y desaconsejable

La estupidez suele aportar felicidad, la lucidez suele aportar desdicha

La estupidez es duradera y constante, mientras que la lucidez es coyuntural y fugaz

La estupidez suele ser inasequible al desaliento, la lucidez tiende al desánimo y lo desesperado

La estupidez es sociable, la lucidez es esquiva

La estupidez se adapta bien a los tiempos presentes, la lucidez sólo se adapta al tiempo en su conjunto

La estupidez triunfa en el presente, la lucidez triunfa en el tiempo pasado

La estupidez suele revestirse de formas atractivas, la inteligencia suele despreciar las formas

La estupidez es popular, la inteligencia es desconfiable

La estupidez es certera y rotunda, la inteligencia es incierta y dubitativa

La estupidez es de fácil adaptación, la lucidez es inflexible a adaptaciones

La estupidez es asequible a un gran número, la lucidez es difícil e inaccesible

La estupidez es gregaria y sedentaria, la lucidez es nómada e individualista

La estupidez es rápida e impulsiva, la estupidez es lenta y reflexiva

La estupidez es ligera, superficial y frívola, la inteligencia es profunda y aburrida

La estupidez se adapta muy bien a los grupos, la lucidez no acaba de encajar en ningún lugar

La estupidez es elíptica y demagógica, la inteligencia es directa y seca

La estupidez engatusa a incautos, la inteligencia no engaña a nadie


“respecto a la debilidad del carácter humano, se comprueba muy bien desde el momento y en la medida en que éste depende por completo (o no) de los factores externos: si se triunfa en el medio, se vuelven arrogantes; si se fracasa sistemáticamente –aún sin saberse el porqué- se hunden en su autoestima. Pero… ¿cuántos resisten y resisten, ante el fracaso (o el éxito)?”