
…Cuando llegué al metro, encontré que la línea 10 estaba cortada. “Es fenomenal”, pensé. Cuando tienes los planes perfectamente atados y reatados, muchas veces pasa que llega un soplo -aunque sólo sea- de algo inesperado, y te tira de la tabla, y se va todo al traste (al menos en la cabeza de uno)…
- ¡Qué diablos le pasa la línea 10? –le dije a la repantingada taquillera. Puedo asegurar que tardó cerca de medio minuto en levantar su ocupadísima mirada.
- Está cortada, ¿no lo ve?
- Ya sé que está cortada, le pregunto que qué… cojones ha ocurrido hoy.- esa línea cada dos por tres la cortaban, he de aclarar.
- …No lo sé, señor- me miraba con los ojos forzadamente hacia arriba, por encima de las gafas. Supongo que el peso del autodefinido le impedía levantar la cabeza en condiciones.- Sólo sé que está cortada.
- Pero bueno, ¿es que esta línea está siempre cortada o qué?
No dijo nada. Quizá yo mismo exageraba esta mañana, pero ya llovía sobre mojado, en lo que a mí respecta, sobre esa línea. Cuando no se paraban los trenes un cuarto de hora, no acababan de llegar nunca, y cuando no, directamente la cortaban, como esta mañana. Algo iba mal con esa línea, y conmigo mismo, según empezaba a considerar, después de lo de los taxis, y al encontrarme ahora con esto.
- Pues ya me dirá que hago para ir a Príncipe Pío, porque la Uno, si no me equivoco, sigue de obras… ¿no? Sólo va aquí la cinco, ¿no?
- …Puede usted retroceder hasta Sol, y trasbordar… -hizo el supremo esfuerzo de mirar en un plano- a la Circular. La Circular llega a Príncipe Pío. …Si le gusta –le dio por añadir, al ver mi cara- …y si no le gusta…
Aquello me tocó los cojones. Aquella tipa mascando chicle y en un plan tan impertinente, era algo superior a lo que podía tragar, según el día que llevaba.
- No mire, lo que voy a hacer mejor es poner una queja. Que ya está bien. Dígame usted su nombre por favor.
- Para qué quiere mi nombre.(…) Ponga la queja si quiere, pero a mí no me…
- Lo quiero, para… hacer constar el tipo de trato que tienen ustedes. Dígame.
- Pues muy bien… -y me dijo su nombre. La gente detrás de mí ya se amontonaba; había montado un cierto taco, y los de atrás tampoco estaban muy contentos, pero quién más, quién menos, lo que quería es conseguir su billete o su información, y seguir camino cuanto antes. Que es lo que yo debí haber hecho, por cierto. Porque cuando ya estaba acabando de redactar la queja, me sentí un poco estúpido, a pesar del enfado… Se la dejé a la ‘simpática’ taquillera, y me dí cuenta de que no tenía billete, ni para retroceder hacia Sol, e ir a buscar la “Circular”, ni para nada de nada. Tampoco tenía muchos ánimos para ello, y muchos menos para pedirle a mi ‘amiga’ un billete, así que me dí el piro. ( ) Ahora pienso que, si no me hubiera puesto así, me hubiera evitado todo lo de después.
Salí del Metro que echaba chispas, sin muchas ganas de nada, la verdad. Y miré a mi alrededor.Entonces se me ocurrió una ‘brillante’ idea. Si atravesaba el Parque, tomando un atajo (espacio-temporal, debía de ser por lo menos) podía llegar andando a las oficinas de Duscer en no demasiado tiempo. Como digo, debía de haber perdido la cabeza…





